Diálogos y debates

RAFAEL BIELSA 2

POR RAFAEL BIELSA

14-10-2009 / Entre la obsecuencia y el estalinismo, compañero, puede haber una tercera posición, una insignificancia de nobleza: solo se trata de imaginarla.

Compañero Jauretche:

Es bastante fácil comprender por qué no contesté a los argumentos de tu diatriba contra “los Kirchner”, luego de la derrota en las legislativas del 28 de junio. No fue ni por la infalibilidad de tus razones ni porque tuviéramos identidad de pensamiento. Basta con leer mi propuesta para conocer la respuesta: toda intersección histórica interpela a sus porqués y a sus cómo; yo discrepé con los porqués y los cómo de tu airada carta, y por la misma razón que me pareció extemporáneo que los ventilaras, callé los míos.

Entre la obsecuencia y el estalinismo, compañero, puede haber una tercera posición, una insignificancia de nobleza: sólo se trata de imaginarla. Por ejemplo, sin incurrir en el elogio de la derrota (que es algo que te cae fatal y te hace recaer una y otra vez en el Alka-Seltzer), recordar a Cooke: “…en el medio de la gritería jubilosa de las minorías fenicias, Yrigoyen cayó y pronto destruyeron su obra (…).

Estas tentativas derrotadas son instantes de esplendor, contribuciones indispensables a las etapas posteriores de lucha”.

Entre el debate (distinto punto de vista que guardan dos o más posiciones antagónicas en torno a un problema) y el diálogo (oposición de dos discursos racionales empecinados en encontrar una verdad que ilumine), con vos me viene mejor este último, la discusión, que no termina con un vencedor y un perdedor.

Para que el intercambio valga realmente la pena, hay que cumplir (tengo que cumplir, porque está lejos de mí censurar o imponer algo a otro compañero) con varios requisitos. En primer lugar, pasar por alto las alusiones subjetivas que me hacen daño. Segundo, no insistir con los argumentos ya brindados sólo por el hecho de pensar que fueron mal leídos. Finalmente, separar con rigor entomológico lo sustantivo de lo adjetivo, y centrarse en lo primero. Sustantivo es el pensamiento que orienta nuestro gobierno (el que tiene un porqué para vivir consiente cualquier cómo); también la construcción de un sujeto político masivo con perspectiva estratégica; y el sentido último de triunfos y derrotas. Como canta Eladia Blázquez: “Vení… charlemos, sentate un poco. / La humanidad se viene encima (…)”.

Esto es –para mí– algo drásticamente diferente de escribir “…miserables Kirchner”, o “…usaron impiadosamente los recursos del Estado para solemnizar cofradías de negocios donde se debatió el poder”, o “…pequeños, oportunistas, usurpadores y defraudadores de una épica”, o que “…si queríamos sumarnos al elenco gubernamental, teníamos que optar entre ser socios, competidores por los réditos, cómplices de los desfalcos morales y políticos, malhechores ante la sociedad”, que fue a lo que yo repliqué en mi primera y anodina respuesta, desde el dolor inevitable de que fueras vos quien lo escribiera. Nunca, para agradar a alguien satanizando a nadie: no soy otra cosa que alguien en la multitud, que vive de su profesión y decidió no tener ningún empleo público sin por ello renunciar a pensar. ¿Estamos?

En un país imperfecto, compañero Jauretche, resultado de la acumulación de muchas más fracturas que continuidades, asumo que para tomar partido y pensar en adjetivar hay que detectar primero el rumbo de dirección del gobierno, puesto en el contexto de la caracterización de los actores.

¿Cómo es nuestra burguesía nacional? Escuchemos con recogimiento a Cristiano Ratazzi, presidente de FIAT y productor agropecuario: “…tenemos que volver a las teorías económicas sanas, hay que empezar a poner orden, que se salga del default, hablar con los holdouts, volver lo más rápido posible con el FMI, arreglar de una manera sensata las tarifas, disminuir los impuestos distorsivos (…).

Hay que revertir esa idea de que el Estado haga todo y privatizar lo más posible todo lo que se pueda. Y hacer un país normal y serio como Perú, Chile, Brasil”. A pesar de que como industrial no le ha ido mal, les hace propaganda a las recetas rasas y fallidas de los exportadores de productos primarios. Como ha escrito Hugo Presman, es difícil con esta burguesía nacional imaginar una Argentina industrializada.

En la vereda de enfrente, y como consecuencia de la supremacía de las políticas que añora Ratazzi, no hay por desdicha una clase trabajadora como la había en el ’45, que venga de los aumentos de salarios de octubre del ’44, ni de las inéditas Ley de Protección de Maternidad y de creación de la Administración General de Vivienda. Así, la apelación de Cooke (“…solamente cuando la rebeldía está coordinada y encauzada en un movimiento de liberación adquiere la eficacia necesaria para luchar con éxito”) es de cumplimiento infinitamente más laborioso, en tanto la dignidad del trabajo se ha transformado en el temor de perderlo o –peor aún– en la memoria de la desocupación. Con el añadido de la manipulación mediática, que crea arquetipos de delincuente (juventud/pobreza/paco) y silencia la vida innoble que conlleva la falta de movilidad social ascendente.

Para tomar partido y pensar en los adjetivos que merece la acción gubernamental, mi modo de pensar indica que es necesario detectar el rumbo de dirección. Aritz Recalde señala que el pacto Julio Argentino Roca (hijo)-Walter Runciman cedió a los ingleses la dirección económico-financiera del país (leyes de 1933 a 1935); la coordinación de los transportes, y la prórroga de la concesión de la CADE (Compañía Argentina de Electricidad). No es el mismo rumbo de dirección que marca esta secuencia: política de derechos humanos, no al ALCA a libro cerrado, renegociación de la deuda, emancipación de las condiciones del Fondo Monetario Internacional, integración o intrascendencia, retenciones, nacionalización de las AFJP, Aerolíneas, Correos, recuperación del control del espacio radioeléctrico, convenciones colectivas, ocupación del espacio público por las protestas sociales, sin represión, proyecto de medios de servicios audiovisuales, como lo enuncia Hugo Presman. No hay en esta enumeración la más mínima sonrisa de satisfacción por el deber cumplido, sino una línea divisoria virtual para pensar de qué lado nos ubicamos, qué palabras usamos para juzgar y cuáles son los límites de la paciencia que debemos tener responsablemente los que por fortuna llegamos bien alimentados a fin de mes.

Una de las cosas que perdimos en Caseros, le dice Cooke a Perón, fue la costumbre de escribir y pensar como latinoamericanos. “…Bolívar, San Martín, Artigas, Moreno, Monteagudo, Rosas, etcétera, todos escribían y opinaban como americanos. Después de la caída de Rosas eso se terminó: como semicolonia, los países perdieron ese sentido americano”. Más aquí en el tiempo, también habíamos perdido la costumbre de osar de palabra y de obra. ¿Quién imaginó una construcción de distribución de cultura de la magnitud que supone la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual? No me hubiera gustado morirme en los ’90, como decía Silvia Bleichmar.

Es verdad que a veces no hay análisis de correlación de fuerzas en la apertura de múltiples focos en los que se vulneran posiciones adquiridas e intereses. Es verdad que no hay mapa de ruta inteligible en muchos tramos. Es verdad que falta pueblo en algún lugar del circuito de toma de decisiones. Y todo eso puede llevar a una derrota legislativa y hasta a una derrota tout court. Así y todo, el kirchnerismo produce alteraciones en una realidad que la Argentina mortecina había aceptado como natural por el hecho de habérsele impuesto convivir con ella por la fuerza de los intereses sectoriales.

Además de lo expuesto, compañero Jauretche, Alain Badiou dice que hay sujeto solamente si hay proceso de fidelidad y añade que la fidelidad por cierto es siempre opcional y jamás necesaria. Y bien, así es como soy; cada palabra pasada, presente y futura deberá ser leída como el esfuerzo inherente a todo fiel de intentar cumplir con sus compromisos, asumiéndolos como propios y no transfiriéndoselos a nadie, conductor, líder, jefe o como quiera autodenominarse o que lo llamen. Es sencillo: soy parte de una generación, no considero un fatalismo el cultivo de la utopía y me hago cargo. Ese es el lugar de la enunciación.

“A dónde vamos, argentinos”, se preguntaba –o vislumbraba– Rodolfo Puiggrós en 1972. ¿Cuál es el rumbo de nuestro gobierno?, vale la pena que nos preguntemos –salvadas las distancias con aquel solidario latinoamericano que fuera expulsado del Partido Comunista argentino por repudiar al embajador norteamericano Spruille Braden y a la Unión Democrática–.

Con seguridad, no el que seguiríamos si estuviésemos en el puente de mando. Pero con mayor seguridad, uno que se atreve a embestir contra situaciones cuya horrorosa anomalía el transcurso del tiempo transformó en pasables para grandes sectores de clase media, urbanos e informados.
La oposición dice que el Gobierno ejerce el poder apostando “…como lo hacen los jugadores compulsivos”, y la prensa opositora cita sin nombrarlo a “…un diputado que se mantiene firme en la tropa K por no gozar de un destino seguro”, quien –dicen– sostiene que “…la diferencia entre los pingüinos y De la Rúa es que los Kirchner, si se tienen que ir, te tiran el helicóptero encima”.

Si “tirar el helicóptero encima” es sinónimo de haber sacado del cepo a los televidentes amantes del fútbol, me parece que alguien está sangrando por la herida, y yo sé perfectamente si estoy a salvo de las aspas o no y quiénes están igualmente a buen resguardo. Y quiénes no. Si ejercer el poder apostando “…como lo hacen los jugadores compulsivos” es sinónimo de haber obtenido la prórroga de las facultades delegadas –cuando no sólo se trataba de la prerrogativa de fijar las retenciones al agro, como se intentó hacer creer a la ciudadanía, sino de atribuciones contenidas en 1.900 leyes que deberán ser analizadas–, entonces es que una irresponsabilidad mayúscula mancha a la oposición, quienes también fueron elegidos por el pueblo como tales, y en consecuencia son una parte de la gobernabilidad de nuestro país. “Acá se decidió si esto es una monarquía o una república y ganó la monarquía”, comentó un ruralista con una meditada versión de la Constitución nacional. Una oposición fragmentada, sin rumbo y expresando lo peor del pasado, actúa como si estuviera obligada a sostener lo contrario de lo que propone el Gobierno. Todo lo que propone la oposición es lo que contraría al Gobierno. De sus enunciados surge con nitidez –como a contraluz– lo que el Gobierno está haciendo; yo lo advierto con claridad. Los conservadores tenían un proyecto; la oposición tiene propósitos personales, lo que no estaría mal si fueran acompañados por un proyecto.

Lo que me pregunto es si no tenemos incitaciones de sobra a las que contestar con razón y con pasión, en lugar de urdir enormidades para fustigar lo perfectible aunque no antagónico. Al fin y al cabo el mismo compañero peronista Ernesto Jauretche que no toma en cuenta a la Mesa de Enlace a la hora de razonar sobre los compañeros, advierte unas líneas más abajo que no era “…para tomársela a la ligera”. El rumano Eugène Ionesco decía que las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen. Parafraseándolo, diría que como parte del rumbo que transita el Gobierno está lo que sepamos hacer para que la ideología no nos separe y para que los sueños nos unan tanto como para no angustiarnos demasiado. Yo también creo estar representando a muchos peronistas como vos y como yo, subconjunto que es posible que en parte intersecte con el que vos representás con tu réplica, y si fuera así estaríamos ante un diálogo con más coincidencias que en un debate entre diferencias insalvables.

“Unidad de teoría, organización y métodos de lucha”, nos urgía John William Cooke. Me parece que allí hay un campo para aportar al Gobierno. Actualizar una doctrina que dé cuenta de la construcción de una sociedad abierta y móvil, no fragmentada en compartimientos donde pared de por medio transcurren el progreso y la marginación, con oportunidades para todos, fundada en el trabajo, la educación, la solidaridad y la justicia. Imaginar un sistema político para asegurar la democracia con sentido social. Coordinar en lo que esté a nuestro alcance la miríada de grupos de jóvenes que nos invitan para escucharnos con la única esperanza de dar lo mejor de sí en una Patria inclusiva. Tener en claro cuáles son los intereses que se afectan y preparar las respuestas más eficaces.

De otro modo, compañero Jauretche, en lugar de los militantes como siempre intentarán hacerlo los especialistas, esos que Piolín de Macramé definía como “…una persona que sabe cada vez más de cada vez menos. Al final sabe tanto de tan poco, que sabe casi todo de casi nada. Hacia él van los que saben casi nada de casi todo”.

Y no necesitar del ácido acetilsalicílico ni del bicarbonato de sodio. Al fin de cuentas, en el español tenemos los verbos “ser” y “estar”. Por eso, una cosa es estar derrotado y otra ser vencido. Te lo digo yo, compañero, que soy perito en derrotas y jamás en mi vida tomé un Alka-Seltzer.

RAFAEL BIELSA
*Abogado, poeta, periodista y escritor, fue canciller durante los primeros años del gobierno de Néstor Kirchner y diputado nacional. Entre otros libros escribió Sombras nada más y Una luz de almacén. Conduce junto a Artemio López y Eduardo Valdés el programa Café Las Palabras en Canal 26.

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