“No hay oposición”.

NEWSWEEK

EDUARDO ALIVERTI

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Habla de política, de la “vagancia intelectual” de la radio y de la nueva Ley de Medios.

Por Cristian H. Savio

Eduardo Aliverti está convencido de que la nueva Ley de Medios democratizará el espectro radioeléctrico, aunque pone un signo de interrogación con respecto a la implementación de la norma. El periodista de La Red y Página/12 cree que la radio sufre una glorificación del oyente que cree que puede opinar de casi cualquier cosa. El próximo 3 de noviembre, Aliverti estará al frente de la quinta entrega de los Premios ETER, que anualmente reconocen el trabajo que se realiza en la radio argentina. ETER nació en 1996 con la intención de “acortar la distancia entre la dictadura teoricista y la práctica”, según su creador y actual director.

– ¿Cambió la relación de la gente con la radio?

– En cierto punto se mantiene la diferencia entre la AM como el lugar del reposo analítico, más allá de la devaluación periodística que sufrió el periodismo en radio, y una FM básicamente para consumo musical. Sin perjuicio de estos avatares, la radio sigue siendo considerada el medio más creíble y entrañable, y el de mayor acceso popular.

– ¿Lo dice por la participación del público?

– La participación del oyente es un hecho que sobre todo se fortaleció desde la crisis de 2001. Puede sonar hasta bizarro, pero en aquel momento, por razones de costos, los oyentes reemplazaron al equipo de producción, arman los programas, salen al aire. El oyente tiene hoy una participación superior a las de otros momentos de la historia.

– ¿Pero no es riesgoso entregar tanto protagonismo al oyente?

– Es cierto que hay una glorificación del oyente, como si pudiese quedar habilitado para opinar de cualquier cosa. Ahí la horizontalización es negativa: cualquier mensaje de oyente vale, así sea un provocador o una calumnia. Los equipos de producción trabajan sobre la base de poner siempre lo provocativo, sin importar la substancia. Y la gente que llama es elevada al carácter de encuesta, muestra o termómetro popular.

– ¿Creció el poder de los medios como constructores de la realidad?

– Sí, a partir de la dictadura audiovisual. La participación de la radio y la tevé, y el derrumbe de la cultura lectora, generaron que sea más fuerte la inserción de los medios que trabajan a partir de la emoción, la vista y el oído. De todas maneras, creo que los medios pueden manipular la realidad pero no inventarla, no pueden trabajar sobre la inexistencia de sensaciones populares.

– En ese escenario, ¿cómo está la radio con respecto a los otros medios?

– La gráfica sigue siendo la que marca la agenda, pero la radio y la TV son las que amplifican. La radio supo tener identidad propia para marcar agenda; hoy es una hermana menor de la línea que fijan los medios escritos. Esto se profundizó en los ‘90.

– ¿Por qué?

– Al estar todos integrados en un multimedio, como los diarios son los que poseen mayores recursos de contenido, fijan la agenda de producción que la radio va a tener. Periodísticamente hablando, la radio se devaluó en los últimos años. Los panoramas informativos de la mañana copian en sus sumarios hasta el orden cronológico de los diarios. Una excepción está siendo Radio Nacional.

– Pero por razones ideológicas.

– Sin dudas. Aunque a veces hay también vagancia intelectual de los actuantes de los informativos. En los últimos años se devaluó el lenguaje radiofónico. Hubo una ejemplaridad para peor, sobre todo en las FM. Lo simple pasó a ser lo vulgar. En los medios hay cada vez más mediocres. Estoy de acuerdo en que cuanto más embrutecés, más dominás, pero la bajada de línea ideológica ¿tiene que ir de la mano con el embrutecimiento profesional?

– ¿Qué aporta la nueva Ley de Medios? ¿puede cambiar este escenario?

– Desde que abre la chance de mayor cantidad de actuantes, democratiza el espectro. Así que el primer punto a favor sería ideológico. Pero es la hora de que el campo popular se pregunte cuál es el grado de capacitación profesional con que va a encararlo. Con la explosión de las radios truchas de los ‘90, muchas sucumbieron al ser cooptadas por el sistema comercial, pero otras por ausencia de calidad profesional.

– ¿El Gobierno impulsó la ley por afán “democratizador” o por revanchismo?

– Tuvo la vocación política. En ese sentido, obró como disparador, y no le resto mérito. Incluso cuando se contemple que lo hizo por revanchismo hacia el grupo Clarín. El punto es cómo sigue esto en su instrumentación. Sin el Estado detrás aportando dinero y fomentando, la ley puede ser inservible.

– ¿Cómo ve a la oposición?

– No hay oposición: hay comentaristas a los que les dio vida el convertirse en megáfono de los medios. La derecha no tiene un proyecto alternativo de país. La producción de sentido común la fijan más los medios que los opositores políticos.

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