BEBOTE

01-11-2009 / La asignación para millones de chicos: al centro de la escena por vía de las políticas sociales.

Por Eduardo Blaustein
eblaustein@miradasalsur.com

“La plata de los trabajadores, se destina a los trabajadores.” La frase de la Presidenta al anunciar el programa que beneficiará a entre cinco y seis millones de menores de 18 años con una asignación de 180 pesos contiene varias claves de una decisión final que –conforme a las esencias K– se mantuvo en secreto hasta el último minuto.

La primera clave: el uso de la Anses como fuente proveedora de los 10.800 millones que costará al Estado la puesta en marcha del programa.

La segunda: el haber desechado otras alternativas de financiación que estudiaban los legisladores kirchneristas y, en ese mismo movimiento, la posibilidad de que el plan se presentara como proyecto de ley a discutir en el Congreso.

Tres: el haber optado –otra marca oficial, el pragmatismo “realista”– por un escenario de recaudación conocido y no por uno eventualmente superador pero a conocer. En la parte operativa de la implementación, en buena medida también en lo conceptual, parece haber pesado más la mirada Boudou que la mirada de diputados que venían trabajando el proyecto oficial: Agustín Rossi, Héctor Recalde, Juliana Di Tullio.
Junto a argumentos mediático-tribuneros como la apelación falaz a la consolidación del clientelismo (para un programa que estará bancarizado) o la idea de “más focalización” (cuando la masa de beneficiarios puede llegar a seis millones), parte de la oposición centró sus cuestionamientos precisamente en el punto del no debate en el Congreso y en la apuesta al Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses.

Aunque al kirchnerismo no le faltaron audacias en estos años, a la hora de poner en marcha el plan eligió la prudencia de todo oficialismo, más el temor a lo que sucediera con los mercados en caso de gravar la renta financiera.

Simétricamente, la oposición apeló a la generosidad del Teorema de Baglini: se puede todo porque los recursos siempre sobran. Las fuentes oficiales consultadas coinciden en señalar que se optó por no arriesgar a la creación de impuestos “de mesa de arena” ni a empantanar esa discusión en el Parlamento. La consigna parece haber sido la operatividad.
Dorada zamba del riego. La opción elegida fue por lo tanto la del momento dorado que atraviesa la Anses: 36.377 millones de pesos ganados en lo que va del 2009 por la apreciación de las tenencias que antes manejaban las Afjp, una rentabilidad equivalente al 37%. Según informó la propia entidad, su liquidez permitió regar con ocho mil millones de pesos proyectos productivos, energéticos y de obra pública. Si bien esa rentabilidad impresionante desmiente los pronósticos catastrofistas acerca de los peligros que iba a correr “la plata de los abuelos” tras la reestatización de las jubilaciones, la pregunta es hasta dónde alcanzarán las espaldas y la polifuncionalidad de la Anses o qué puede suceder a futuro en un escenario de nuevas locuras o inestabilidades de los mercados financieros. Se suman otros interrogantes respecto de los recursos que queden para mejorar la situación de los jubilados actuales o los juicios en marcha.
El viernes pasado el ministro de Economía, Amado Boudou, explicó que el plan será financiado “con los recursos corrientes de la Anses, conformado por aportes y contribuciones de trabajadores, más parte de los impuestos al IVA y Ganancias, 15% de la Coparticipación y las ganancias provenientes de fondos que antes administraban las Afjp”.

El famoso shock. La frase presidencial ya mencionada –“la plata de los trabajadores, se destina a los trabajadores”– es también susceptible de ser opuesta a la máxima eterna: “Los que más tienen son los que tienen que ponerla”, la idea de un rediseño de la política impositiva. En la interpretación de la diputada socialista Silvia Ausburguer, “los pobres seguirán financiando a los pobres”. Eduardo Macaluse, que desde el centroizquierda apoyó iniciativas oficiales fundamentales, dijo algo muy parecido.
Junto a un beneficio innegable que impactará además en reactivación económica por vía del mayor consumo popular –el famoso shock redistributivo del que hablaba la CTA–, el lanzamiento del plan implica también la puesta en marcha de una ingeniería de gestión compleja y algunas dudas ligadas a esa ingeniería: cómo hará el Estado, por ejemplo, para detectar con eficacia cuántos trabajadores informales podrán beneficiarse con la asignación por cobrar menos que el salario mínimo ($1.440).
Ayer el titular de la Anses, Diego Bossio, despejó dudas sobre los alcances del plan. Según salió a aclarar, las empleadas domésticas también serán beneficiarias del programa, al igual que los trabajadores rurales informales.  Se trata de una masa demográfica considerable: 450 mil empleadas domésticas y otro medio millón que aún no ha sido formalizado. Se analiza también sumar a los monotributistas de las escalas más bajas.

Por qué se hizo por decreto

El modo en que se decidió implementar la asignación universal por hijo, decreto de necesidad y urgencia, tiene motivos pragmáticos y políticos. Así lo explicaron en la Cámara baja: “Cualquier ley que se quiera aprobar durante este año tiene que entrar al recinto antes del 20 de noviembre si no pasa para el año que viene, es decir, a partir de marzo”. Además, en Diputados reconocían que este proyecto podía producir una disputa demasiado prolongada por la autoría, ya que varios bloques tenían inciativas similares. Un viejo conocedor de la Cámara confesaba: “Cuando es así, puede demorarse mucho lograr dictamen de comisión porque todos se disputan quién es el creador del proyecto”. Esta afirmación se vio reflejada en las declaraciones posteriores al anuncio en las que la oposición afirmó que la iniciativa era suya. Hay otro elemento, quizás el más importante, que explica el uso del decreto. Después de los resultados del 28 de junio, una parte de la oposición apuesta a desgastar al Gobierno lo máximo posible. Una de las estrategias para esto, como contó este diario en números anteriores, es empujar el veto presidencial de ciertas normas. El antídoto que el oficialismo encontró para esta estrategia ha sido llevar siempre la delantera en la iniciativa política y todo indica que le ha dado resultado. Ningún hecho de la política argentina de estos días se escapa a este tironeo entre los que apuestan a generar un clima de vacío de poder y el oficialismo responde llevando la delantera en las decisiones.

CHICOS

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