RESPUESTA A LA CONFERENCIA EPISCOPAL.

Carlos Mugica

SOMOS UNA NACION

QUEREMOS LA LIBERACION y UNA PATRIA GRANDE

Como cristiano ante el pronunciamiento realizado por la jerarquía de nuestra Iglesia, me considero en el derecho de responder a través de este medio, ya que esta es la única posibilidad de expresión, que tenemos, los que participamos en la fe del mensaje profético de Jesús.
La iglesia cuyo verdadero significado es asamblea, tiene muy pocos representantes que ejercen esta practica, y por consiguiente en ella no hay libertad de expresión, salvo para quienes alcanzan la bendición de los intereses de Roma, que poco o nada tienen que ver con nuestros pueblos de Latinoamérica.
Jehová, el que todo lo ve en la traducción a nuestra lengua, es la voz de Dios, por ello que la voz de Dios es la voz del pueblo, el todo lo ve. Al quitarnos el derecho a expresión, capturan nuestra voz y la hacen propia en nombre del pueblo, con una tibieza que provoca el vomito.
Expresan de manera genérica la búsqueda de consensos y diálogos, sin precisar, intencionalmente, los temas significativos para nuestro pueblo y para los grandes títulos de sus enunciados.
Todos tenemos el deseo de vivir en paz, y en el entendimiento, pero esto solamente es posible si se derriban las estructuras de dominación que hoy persisten, (de las cuales no hacen ninguna mención ), y es una condición indispensable para alcanzar la justicia y la reconciliación, en esta situación reside la crisis cultural, moral y religiosa que nos plantean como problema.
Con la verba de la paz, abusan de la moderación, sin precisar quienes practican la violencia en el trato político, y la falta de respeto a las instituciones, o la descalificación como limite a libertad de expresión.
No es esto lo que debilita la Paz y el tejido social, sino un orden social controlado por quienes acumularon privilegios durante más de 30 años, sobre el empobrecimiento y degradación de la vida de nuestro pueblo, y hoy se resisten a modificar las condiciones estructurales de su goce.
La palabra violenta o descalificadora, pone en evidencia una absoluta libertad de expresión, tanto la de quienes no tienen una sola crítica para construir una sociedad más justa y equitativa, como la de quienes valoramos este proceso de transformaciones.
Hay millones de argentinos que perdieron el sentido de la existencia y no fue por la adicción a la droga, sino porque los condenaron a vivir de manera miserable quienes controlan el poder económico. La violencia de negar la libertad más elemental, el pan, la vivienda, la salud, el espacio donde fecundar con el trabajo sus medios de vida, pasa inadvertida para Jerarquía de la Iglesia, solo tienen un discurso piadoso, de reclamo al estado, para aceitar la mas aberrante de las practicas clientelares, la participación en el rito dominical, desde la dadiva a los más humildes.
Nada formulan sobre la industria del delito, no hay una sola idea de reconciliar al delincuente con la victima, una sola idea para terminar con la exclusión de quienes cumplen una condena, ni una sola mención a los aberrantes pronunciamientos de enjuiciar a menores, victimas inocentes de la madre de todas las violencias, negar la condición humana.
Al dramatismo de la pobreza que aluden y que a los cristianos nos conmueve, le falta el llamado a los ricos a liberarse de las riquezas, para construir una sociedad a imagen y semejanza, del que todo lo ve.
Reclaman el derecho a la expresión, pero cuando se manifiesta en las calles o en las rutas, aborrecen de esta practica; reunidos durante una semana, debieran haber reflexionado sobre el tipo de democracia que desean, ya que en la brillante descripción que hacen, atribuyuen al protagonismo colectivo y popular, un perjuicio a las instituciones.
De manera tangencial denostan el consumismo y la banalidad, pero al olvidarse de señalar la estructura de dominación que lo irradian hacia la sociedad, el mensaje está dirigido a que las grandes mayorías se resignen frente a la situación en las que tienen que producir la vida, y acepten de manera sumisa un refugio en el servicio y la solidaridad, cuestión, que por otra parte nunca dejó de estar presente en la practica de nuestro pueblo.
Lo único que les falta es leernos el preámbulo de la Constitución, para intentar convencernos nuevamente después de 25 años de democracia liberal, que ello de manera excluyente, resuelve las cuestiones de la cosa publica, es decir de la República.
Nuestra Nación por otra parte no es una isla, en sus reflexiones están ausentes, la voluntad de los pueblos en la unidad Latinoamericana, su protagonismo y los gobiernos populares. Paradojica resulta la preocupación por la violencia, y la falta de observación de los peligros que nos acechan, con las bases militares de EEUU en Colombia, o la ruptura del orden constitucional en Honduras, no hay hechos mas reales de muerte y violencia para nuestros pueblos.
En el llamado al rezo por los nuevos representantes, que asumen el 10 de diciembre, falta el signo profético, el de construir el Reino de Dios en la Tierra, verdadero proyecto del Jesús antiimperialista, la unidad latinoamericana y recuperar nuestra América en un nuevo proceso liberador, rememorando a los hermanos Manuel Alberti, Fray Cayetano Rodríguez, Fray Justo Santa Maria de Oro o Fray Luis Beltrán, ejemplos de vida y compromiso cristiano, en la fe de construir un mundo mejor.

MOVIMIENTO DE LIBERACION CARLOS MUGICA

FELICIANO FERNANDEZ – SECRETARIO GENERAL

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: