El paraguas.

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Por Carlos Leyba

El cambio climático y las consecuencias negativas del modelo basado en Chimerica y protegido por Doha

“La crisis lo ha cambiado todo, y en primer lugar el modelo anglosajón de consumismo. El mundo occidental será otro dentro de siete años.” Oleg Deripaska, oligarca ruso, en el diario El País.
Deripaska, ¿profetiza que tal vez, en este final de 2009, se hayan plantado raíces de un cambio en el escenario internacional necesarias para un nuevo paradigma? Veamos.
Es cierto que hoy hay cuestionamientos en dos de los ejes fundamentales de la economía mundial: los cambios climáticos negativos y el negativo predominio político, económico e ideológico de las finanzas locales y mundiales. Ambos están vinculados al modelo consumista, y giran en una economía mundial que se mueve, hasta ahora, en torno del continente virtual llamado Chimerica, cuyas cabezas son China y Estados Unidos.
Estados Unidos es el Gran Consumidor deficitario y China es el Gran Productor superavitario. Allí se generó un nuevo mercado gigantesco para los productores de materias primas que a nosotros nos incorporó la dramática tendencia al monocultivo sojero.
La China, produciendo, se ha convertido en el principal emisor de dióxido de carbono seguido por Estados Unidos, que emite consumiendo.
La “convergencia” de China al nivel de desarrollo de Estados Unidos, ¿no nos lleva a reconsiderar la profecía de Deripaska? ¿Se hace oriental el modelo consumista? China, por la crisis mundial, está apuntando al mercado interno. Y si China se aproximara a los consumos per capita yanquis, ¿qué pasaría con el clima? Y si dejara de ser superavitaria, ¿qué pasaría con las finanzas mundiales?
Chimerica produce un excedente de ahorro chino que Estados Unidos monetiza generando la liquidez abundante que instaló la inflación de activos y la burbuja gigante que explotó en el centro del mundo. La cura en la que estamos consiste en más liquidez aplicada principalmente a los bancos. “Si los políticos se niegan a aprender la historia de la reciente crisis financiera, nos condenarán a todos a repetirla.” Paul Krugman. Esta expresión vale para el sistema mundial: todos los procesos de desregulación financiera, donde quiera que hayan ocurrido, terminaron en catástrofes que debió pagar la sociedad con impuestos o con inflación.
La Cumbre del Clima de Copenhague concluyó en torno de los líderes de China y Estados Unidos. Y la cuestión de las monedas y de las finanzas mundiales también, a nivel global, es una disputa entre ambos. Las dos naciones son, en partes iguales, las principales productoras de dióxido de carbono; pero per capita, las diferencias son tan abismales como la del nivel de desarrollo de ambos países.
El deterioro del ambiente humano y el predominio de las finanzas son consecuencia del mundo que se construyó de los setenta para acá. Un mundo en el que, más allá de los adelantos tecnológicos, se grita el retraso de civilización que implica el proceso de concentración de los ingresos hacia el interior de las democracias más ricas. Es la primera vez que la generación de los hijos vivirá peor que la de los padres; y que vivirá en un mundo que ha descuidado los recursos y el ambiente. “Mileuristas” más deterioro ambiental.
El oligarca ruso dispara una idea de cambio y la centra en el modelo consumista. ¿Hay signos? Nada inminente respecto de las condiciones de desarrollo y su incidencia en el clima; y nada concreto respecto del predominio de las finanzas. Pero no podemos dejar de mencionar que vemos unos tímidos pasos en dirección distinta a la predominante.
Sí. El actual paradigma productivo ha generado la preocupación climática por un futuro difícil que se aproxima con asombrosa aceleración histórica. Se reconoce que el actual paradigma de organización, basado en el predominio financiero, provocó la mayor crisis económica de los últimos ochenta años.
Ante las reiteradas denuncias sobre el daño ecológico y ante la persistencia de un sistema de privilegios del sector financiero que ha devorado recursos, están surgiendo corrientes que intentan alcanzar racionalidad en ambos terrenos. Se trata de introducir regulaciones públicas de mayor envergadura. Nada se ha logrado aún. Para clima y finanzas deben adoptarse políticas nacionales y consensos globales.

Años de advertencias de científicos, pensadores y líderes religiosos alertando sobre la deshumanización del ambiente y de la economía y los estragos que el mundo de las finanzas produjo, desde los setenta, en los países subdesarrollados a través de la diabólica deuda externa. No fueron escuchadas.
Pero ahora, las propuestas que eran descabelladas no hace demasiado tiempo comienzan a tener ámbitos de discusión próximos al ámbito de la decisión. Esa aproximación de la discusión al poder de decisión es un escenario estimulante.
No obstante, la reciente declaración de Copenhague es vaga y descomprometida; como vagas y descomprometidas han resultado las decisiones del G-20 y de los países miembros acerca de la prepotencia del mundo financiero que ocasionó el mayor desastre económico desde la crisis del 29.
Tenemos que poner en la balanza el avance existente en la consideración de la viabilidad de dos impuestos que suponen una regulación global: las tasas sobre el carbono y sobre transacciones financieras internacionales. Muchos países europeos han establecido una fiscalidad ecológica, y también Europa promueve la tasa Tobin a las transacciones financieras internacionales.
Hasta esta crisis financiera -que consumió miles de millones de dólares para salvar a bancos y que reintrodujo elevadas tasas de desempleo, pobreza y crisis social- eran pocos los que reclamaban regulaciones para el servicio financiero. Hoy, son pocos los que avalan la desregulación financiera que se gestó a partir de la crisis petrolera de 1973. Hay consenso discursivo en regulaciones que recreen la racionalidad frente al desenfreno de los banqueros y especies similares.
En los años setenta empezó el predominio del mundo de las finanzas que llevaron a su clímax Ronald Reagan, Margaret Thatcher y -en nuestro país- Ricardo Zinn y José Alfredo Martínez de Hoz.
También fue en los setenta cuando surgió la cuestión del riesgo del agotamiento de los recursos del planeta con el Informe Meadows (1972), que pronosticaba que en el año 2000 se producirían situaciones críticas. La propuesta era crecimiento cero. Juan Perón, en su “Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” (1972), decía “ha llegado la hora en que el mundo cobre conciencia de la marcha suicida que ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente, la dilapidación de los recursos naturales y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada”. En junio del mismo año se llevó a cabo la “Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano”, que elaboró una Carta con 24 principios que resumen la A y la Z de la cultura ecológica.
Las recomendaciones de los setenta acerca del clima no tuvieron resultado. Peor, la “dirección de esa marcha” (Perón) se aceleró. Llegamos a Copenhague 2009 mucho peor que en los setenta y con muchas más necesidades y más urgencias.
Y la liberalización del sistema financiero logró imponer un modelo de organización económica en los noventa -el Consenso de Washington- hasta que su crisis obligó a la inversión de esos “principios” para evitar el colapso global del sistema financiero.
Pero atención: las ideas dominantes del mundo de las finanzas, el Consenso de Washington, se proyectan ahora a nivel global para imponer el Consenso de la Ronda de Doha. Todos los avances en materia de clima y regulación financiera quedarán bloqueados si avanza Doha. Además de los propósitos directos, la Ronda actúa como un paraguas protector de la actual estructuración de la economía mundial en términos de finanzas y clima.
Pascal Lamy, director de la Organización Mundial de Comercio, predicador de la doctrina del abandono del proyecto industrializador de los países subdesarrollados, ha advertido que “comercio y medio ambiente pueden y deben apoyarse mutuamente, para concluir la Ronda en 2010. El ochenta por ciento del trayecto ya está recorrido. El veinte por ciento restante puede salvarse” (…) “Combatir el cambio climático no deberá ser un pretexto para una restricción disimulada del comercio exterior” (La Nación).

La doctrina Doha consolida el modelo de predominio de las multinacionales y de las finanzas y, consecuentemente, la condena al subdesarrollo de los países no industrializados como vía para compensar el deterioro ambiental. Ésa es “la compatibilidad”. Bajo ese paraguas, la discusión sobre el cambio climático o el predominio financiero se vuelve abstracta.
La concreción de la Ronda de Doha, en los términos actuales, supone que el bloqueo a la industrialización de los países en vías de desarrollo es la vía más rápida para detener el deterioro del ambiente. Los países desarrollados y China (¿y por qué no los emergentes grandes?) tienen en la Ronda de Doha un punto de encuentro que, paradójicamente, es la manera de confirmar el actual paradigma de reparto de bienestar, el orden de las multinacionales y las finanzas, y el endoso de la cuenta climática a los países que, como nosotros, además, estamos acelerando nuestra primarización.
Puede que el mundo occidental sea otro en siete años, como dice Deripaska el oligarca ruso. Pero, si no frenamos la Doha actual, será peor, al menos para nosotros, para el clima y para la racionalidad financiera. ¿En qué será mejor?

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2 comentarios to “El paraguas.”

  1. Julio-Debate popular Says:

    La verdad que como están dadas las cosas. No va a ser mejor para nada si los políticos no toman decisiones. Es simplemente eso terminan con las hegemonías que levan a la destrucción y empezar con otra hegemonía que ayuda a construir sin destruir. Crisis de ideas decía nuestra presidenta o crisis de decisiones ?

    • Ruben Stefani Says:

      Considero que una, decisiones, es consecuencia de las ideas. estas son las que le dan el color, la identidad, la ideología de la que está imbuida una decisión que, a su vez es una parte integradora de un proyecto político, económico y social. Y ya demostró Obama que se la pasa girando, cada vez más, a la derecha.
      Y en Argentina, veo la crisis de ideas en las no propuesta de la oposición. Gracias y abrazo


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