Mercedes y la politización

http://www.elargentino.com/nota-77262-Mercedes-y-la-politizacion.html

POR RICARDO FORSTER

La semana pasada, antes de conocerse la designación de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central, comenzaba de este modo mi columna en el Buenos Aires Económico: “El kirchnerismo, pareciera ser, necesita equivocarse para redescubrir el rumbo; necesita percibir que algo se hizo mal (no el hecho de desprenderse de Redrado sino el modo como se lo hizo o como se lo conservó durante tanto tiempo) para reencontrarse con su mejor discurso. Hoy eso se traduce en el imprescindible debate alrededor del estatuto del Banco Central expandiéndolo hacia una discusión más profunda y amplia que incluya también una nueva ley de entidades financieras. El establishment sabe que alrededor de este sainete de verano se juega algo más que trascendental; sabe que décadas de manejo financiero discrecional pueden llegar a su fin rompiendo uno de los ejes principales de la herencia neoliberal en nuestro país. Redrado es apenas una excusa para dirimir estas cuestiones que van más allá de la coyuntura. Todos los actores lo saben y siguen aprestando sus armas para las batallas que se avecinan. Sería aconsejable que el gobierno recuerde que sin un relato verosímil, sin lo previo y sin entusiasmar al pueblo con un proyecto de transformación, los que seguirán imponiendo su lógica serán los poderosos de siempre. De ahí, entonces, que estemos situados en un más allá de la coyuntura y de sus demandas inmediatas; que lo que hoy hace ruido a través del “caso Redrado” no sea otra cosa que la disputa central alrededor de la cuestión de la igualdad de los incontables, que es lo mismo que decir, con otras palabras, que lo central en la Argentina del 2010 sigue siendo la disputa por la renta y su distribución”.

No hay dudas de que la llegada de Marcó del Pont a la presidencia del Banco Central trasciende lo anecdótico y los laberínticos filigranas institucionales y jurídicos que desencadenaron el desplazamiento de Redrado. Saliendo de la torpeza inicial, aquella que, entre otras cosas, permitió la consolidación de una suerte de “partido judicial”, como lo llamó no sin astucia e ironía el ministro Aníbal Fernández, además de convertir en un comienzo al ex Golden Boy en una suerte de abanderado del virtuosismo republicano y dándole argumentos inverosímiles a la oposición para que se hiciera un pic nic mediático (incluyendo en esto la polémica y poco feliz compra de los 2 millones de dólares por parte de Néstor Kirchner en noviembre de 2008, que más allá de su legalidad cuestiona, a ojos de muchos militantes, su compromiso con un proyecto de redistribución de la riqueza y vuelve difícil remontar el largo y complejo camino para acercar a algunos sectores de las clases medias muy sensibles a estas cuestiones de “forma”); el gobierno de Cristina Fernández tomó una decisión que, dado el contexto y las versiones de posibles candidatos al cargo, no dejó de ser inesperada y extremadamente importante al convocar a una economista del perfil ideológico de Mercedes Marcó del Pont que, entre otras cosas, viene a romper con el mito, esgrimido hasta el hartazgo por los discurseadores neoliberales a lo Prat Gay, de que al frente del Banco Central debería estar un “técnico” alejado, supuestamente, de veleidades políticas y/o ideológicas que le nublaran la vista al tener que tomar decisiones estrictamente técnico-monetarias.

A ninguno de esos defensores de la autonomía del Central y de la ortodoxia técnica les importó señalar, cuando el país perdía sus reservas y la moneda se depreciaba salvajemente beneficiando la brutal concentración de la riqueza en muy pocas manos, que los supuestos economistas técnicamente “irreprochables” eran cómplices directos del vaciamiento de las arcas del Tesoro Público. Ni tampoco se preocuparon de que se utilizaran reservas para pagar deuda ni intentaron impedir la fuga de capitales.

A los “virtuosos” representantes del radicalismo, esos que hoy se han convertido en cruzados de la autarquía del Banco Central y de la intangibilidad de las reservas, habría que recordarles qué le sucedió a Alfonsín con los famosos mercados y de qué modo se fugaron miles de millones de dólares, o interrogarse por la política “republicana” de la Alianza al convocar a Cavallo para resolver una crisis lista para hacer volar en mil pedazos los ahorros de los argentinos, sin olvidar, claro, la política de ajuste con la que De la Rúa inició su gobierno de la mano de un “irreprochable” ministro Machinea.

De cínicos e hipócritas está empedrada la larga calle de la política (sino habría que destacar la doble moral de los medios de comunicación que nada dijeron del chantaje al que Lilita Carrió sometió a Prat Gay para que éste votase contra sus convicciones, mientras que, en su momento, saludaron la valentía republicana del voto no positivo de Cobos contra la resolución 125 por dejarse conducir por sus convicciones y no por mero seguidismo oficialista).

De un sólo golpe desde la Casa Rosada se terminó con la seguidilla de monetaristas ortodoxos o de simples empleados de la banca privada y de la especulación financiera que siempre estuvieron, salvando contadísimas excepciones, al frente de la entidad encargada centralmente de la moneda. Al nombrar a Mercedes Marcó del Pont el gobierno vuelve a dar una clara señal en dirección a la profundización de un proyecto de transformación de los lineamientos neoliberales que dominaron durante décadas el eje de la economía argentina. Pero también restituye la imprescindible relación entre economía y política que es lo mismo que poner en discusión el fetiche de la autarquía del Banco Central como una supra entidad por encima e independiente de las decisiones de quien ha sido democráticamente elegido para diseñar los destinos del país.

Al establishment, acostumbrado a tomar decisiones con absoluta independencia de la voluntad democrática y tratando siempre de condicionar a los gobiernos de turno, la autarquía del Banco Central le parece un bien inmaculado, entre otras cosas, porque puede ejercer su descomunal lobby sin tener que salir a la luz pública ni depender del juego democrático. En ese gesto que causó sorpresa y, en muchos exponentes de la ortodoxia económica, malestar e inquietud, se expresa, con sus idas y vueltas, lo más interesante de un gobierno que, frente a sus propios errores o a la embestida de las corporaciones económico-mediáticas, vuelve a salir hacia delante y redoblando la apuesta en un sentido favorable a los intereses populares. Lo inquietante sigue siendo la forma espasmódica que asumen sus jugadas.

Lo que también no deja de sorprender y de inquietar es que el nombre que más sonaba para llegar al Banco Central, cuando casi nadie mencionaba el de quien finalmente fue designada, era el de Mario Blejer, un economista muy lejano al perfil de Mercedes y con gran aceptación en el establishment económico, en especial el bancario-financiero. No hay dudas de que las implicancias políticas de nombrar a uno o a otro son por completo diferentes. Mientras que Blejer, quien fue prácticamente ungido por el ministro de economía Boudou en medio del folletín “Redrado” y como “señal”, una vez más, a los mercados para que no se preocupasen, quedó fuera de juego; quien finalmente accedió al Banco Central fue alguien que venía de una perspectiva económica y política por completo diferente y referenciada con las mejores iniciativas del kirchnerismo, además de poseer un excelente currículum profesional que la hacía invulnerable a los ataques malintencionados.

Lo inquietante, decía, es que podría haber sido cualquiera de los dos sabiendo, como sabemos, que los nombres no son intercambiables ni representan las mismas perspectivas políticas y económicas. Hay circunstancias en las que la sorpresa puede ser vital para garantizar el sentido de la decisión tomada, pero cuando se convierte en recurrente acaba por debilitar ese efecto supuestamente buscado para dejar al descubierto que muchas veces se actúa en función del puro instante y sin relacionar esa acción con un proyecto más amplio y de largo alcance. El peligro que se corre, cuando lo previo queda subsumido en el golpe de efecto, es devaluar la capacidad de interpelación y de comunicación con una parte importante de la sociedad que necesita sentirse interpelada e incluida en el rumbo elegido. Abusar del factor sorpresa puede generar lo contrario a lo buscado: confusión y desideologización allí donde es posible juntar “la Biblia y el calefón”, de la misma manera que ayer podía ser Blejer y hoy es Mercedes, jugando con lo aleatorio y lo circunstancial en detrimento del contenido y de la orientación galvanizadora de demandas y de expectativas. Hasta ahora, y más allá de sus vicisitudes y sus contradicciones, lo mejor del kirchnerismo, allí donde no apela a un voluntarismo encriptado, sigue habilitando un camino de transformaciones en torno a la creación de un país más equitativo.

Del otro lado, lo que aparece es la lógica de la conjura y de la destitución que elige los más diversos caminos para ir horadando la legitimidad del gobierno. ¿Su propuesta? Echemos una mirada a las políticas de ajuste que el FMI está planteando para algunos países europeos (España, Portugal, Grecia, etc.) y tendremos rápidamente la respuesta de lo que desea la oposición, ciertos “periodistas independientes” y las corporaciones económico-mediáticas.

Que la Presidenta se haya decidido por Mercedes Marcó del Pont y no por Mario Blejer constituye una clara señal respecto a la orientación de un gobierno que establece una decisiva vinculación entre sus medidas más progresivas (pienso en la reestatización del sistema jubilatorio, en la defensa del mercado interno y del trabajo, en la ley de medios, en la asignación universal y en la tajante negación a implementar políticas de ajuste) y el papel que debería asumir nuestra máxima institución monetaria a la hora de buscar profundizar un modelo redistributivo.

Lo deseable, me parece, es que un nombramiento como el que estoy comentando no nos cause tanta sorpresa sino que sea expresión de un gobierno que no deja lugar para las confusiones ni las dudas y al que no le puede dar lo mismo Mercedes que Blejer; la defensa del trabajo, del crédito y de la producción nacional que las ortodoxias monetaristas que vienen a cuidar los intereses de los grandes banqueros y especuladores. Demasiados años estuvo Redrado con su sonrisa de Golden Boy educado en Chicago, ahora es tiempo de engarzar las piezas para avanzar en un proyecto más justo y equitativo, ese que está en el núcleo ideológico del pensamiento económico de Mercedes y por el cual, seguramente, la nombró Cristina Fernández eludiendo los susurros que le ofrecían, seductores, otros nombres antagónicos a los intereses populares.

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