Voces indígenas frente al calentamiento global

http://www.grain.org/biodiversidad/?id=471


De los Andes, la Amazonía, las llanuras de la Costa, los Manglares, hacia Copenhague y desde allí hacia nuestros espacios de vida.

El 80% de ecosistemas estratégicos se encuentran en territorios indígenas. Las formas de vida indígenas han sido las garantes del equilibrio necesario a la vida en el planeta. El hombre civilizado ha llevado al planeta en más de 500 años, al colapso, mientras los pueblos originarios hemos vivido en desde hace más de 10 mil años, garantizando la vida de numerosas generaciones.

El modelo económico cuyos cimientos están en el consumo irresponsable y en la explotación desmedida de recursos naturales, se ha mostrado insostenible e inviable. La acumulación de capital está a punto de hacer sucumbir la vida en el planeta. La crisis económica, se agudiza por una crisis de valores, de modelos. En este contexto las voces indígenas se reafirman en su coherencia: respeto a la vida, a la Pacha Mama, al Sumak Kausay.

La humanidad tiene la elección de orientar sus políticas en el marco de los derechos de la naturaleza o de continuar en la espiral del consumo y de la explotación. Ésta es la posición de la Conaie y ha sido el eje fundamental del proyecto político de las nacionalidades y pueblos: garantías a los derechos territoriales pues con ello se fortalecen las iniciativas de protección de ecosistemas fundamentales para la vida y el equilibrio en el planeta.

Los pueblos indígenas a nivel mundial exigimos con firmeza: respeto a nuestros derechos. Nuestros territorios son nuestros espacios de vida y de seguir la tendencia autodestructiva del “hombre civilizado”, del primer mundo, nuestros territorios serán también los espacios de vida para la humanidad. Este mensaje debe entenderse. Es la esencia profunda de nuestra oposición a la expansión de la frontera petrolera hacia el centro sur de la Amazonía. No queremos que se extienda y repita la tragedia de la Amazonía norte donde los niveles de contaminación están entre los más altos del planeta.

Al oponernos a la actividad minera en Ecuador, en sitios fundamentales para la vida y la naturaleza, estamos cuidando los derechos de los ecuatorianos y ecuatorianas a vivir en un medio ambienta sano y libre de contaminación. Al exigir medidas de protección, de no privatización de las cuencas hídricas, así como el revertimiento de las concesiones ya hechas y marcadas por irregularidades, estamos defendiendo el derecho humano al agua del Ecuador plurinacional. Al exigir políticas públicas garantes de la plurinacionalidad, buscamos un Ecuador donde todos sus pueblos fortalezcamos nuestras potencialidades para el ejercicio de derechos y la garantía a los mismos, incluidos los de la naturaleza.

La crisis energética no es una casualidad. Es el resultado de la ruptura del ciclo del agua, resultado de la depredación de bosques primarios, de la imposición de monocultivos de especies como el pino, ciprés, teca, que consumen grandes cantidades de agua. Todo esto ha venido siendo advertido por nuestros pueblos. Ésta fue la razón para reivindicar los derechos de la naturaleza en la nueva Constitución. Con este fin exigimos que se incluya los principios de la Pacha Mama y el Sumak Kausay.

Ahora es cuando debemos los ecuatorianos mostrar al mundo que podemos ser ejemplo de coherencia, responsabilidad y respeto a la vida: dejemos el modelo económico de características neoliberales, abandonemos la carrera armamentista, el endeudamiento irracional, y vayamos juntos hacia una propuesta de sociedad y de país de derechos y de derecho. No podemos condicionar el dejar el petróleo bajo el suelo en los territorios de los pueblos en aislamiento al capital internacional orientado hacia un país que se endeuda y que compra armas cada vez más de forma preocupante. La vida de los pueblos en aislamiento debe ser garantizada sin condicionamiento alguno y sus territorios deben ser declarados libres de toda actividad extractiva, sin precio alguno. Debemos ir hacia el respeto irrestricto de los derechos territoriales de las nacionalidades y pueblos; nosotros conservamos los espacios de vida y estamos determinados a seguir haciéndolo.

Que se escuche la voz de nuestros pueblos milenarios pues nuestros sabios y ancestros en sus sueños de Ayahuasca y de la Mama Coca, ya escucharon el llamado de la tierra, de la madre tierra, el llamado de la vida: coherencia, respeto a la palabra, a la vida, a los derechos de la naturaleza, a los de las generaciones futuras.

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