Cambio climático: un paso adelante y un paso atrás

http://www.tierramerica.info/nota.php?lang=esp&idnews=3549

Por Maurice Strong

Tanto el cambio climático como la crisis económica tienen sus raíces en las insuficiencias del sistema existente, que acentúan las ominosas consecuencias de la brecha entre ricos y pobres, afirma Maurice Strong en esta columna exclusiva.


BEIJING, 22 feb (Tierramérica).- Un tiempo invernal inusualmente severo en América del Norte, Europa y China, la recesión y la preocupación por otros temas han desviado la atención sobre una acción preventiva contra el cambio climático, pese al acuerdo de principio sobre esta necesidad.

Ello es particularmente cierto en Estados Unidos, donde el debate sobre la reforma sanitaria y otros asuntos polémicos han reducido la capacidad del presidente Barack Obama para asumir el liderazgo indispensable para enfrentar esa amenaza.

En verdad, la conferencia sobre el cambio climático celebrada en diciembre en Copenhague produjo buenas y malas noticias sobre este problema que pone en riesgo la seguridad y la sustentabilidad del planeta y que requiere una urgente acción conjunta.

La buena noticia fue el consenso acerca de la importancia de reducir las emisiones de gases invernadero a niveles manejables y el progreso en algunos elementos clave que deberá incluir un acuerdo internacional.

De las malas noticias la más significativa fue que en la capital danesa quedaron de manifiesto profundas y no resueltas diferencias entre las posiciones de las principales partes, sobre todo entre los países más desarrollados y las naciones en desarrollo.

Muy importante es la posición de China, la mayor fuente de emisiones, que en los últimos años se convirtió en la economía con más rápido desarrollo en el mundo.

Sin embargo, China ha contribuido mucho menos a la acumulación de gases invernadero –y en menor proporción aún si se estima esa contaminación por habitante– que Estados Unidos y otros países responsables de la mayor parte de la grave amenaza del cambio climático.

Debemos emplear el actual desgaste del apoyo a la acción contra el cambio climático como oportunidad para resolver las cuestiones que dividen las posiciones y dar respuestas a las advertencias de los científicos, socavadas por recientes diferencias entre algunos de ellos.

Uno de los más importantes resultados de Copenhague es que los países más desarrollados han debido, a regañadientes, ceder a China y a otras naciones emergentes el papel político que les corresponde de acuerdo con sus crecientes dimensiones económicas. De esta manera se confirma que el centro geopolítico mundial ha virado hacia Asia.

China está comprometida en iniciativas que la convertirán en líder de una transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono.

No obstante, se ha unido a otros importantes países emergentes –India, Brasil y Sudáfrica– para insistir en que las acciones de los países en desarrollo contra el cambio climático sean voluntarias, mientras el compromiso de las naciones más desarrolladas deberá ser obligatorio.

Las posibilidades de acuerdo en esto se han deteriorado desde Copenhague. Una cuestión clave es poner a disposición de los países en desarrollo la financiación y el acceso a la tecnología que requieren para reducir sus emisiones globales y, al mismo tiempo, expandir sus economías.

Tanto el cambio climático como la crisis económica tienen sus raíces en las insuficiencias del sistema existente, que ahora han acentuado dramáticamente las ominosas consecuencias de la brecha entre ricos y pobres.

El dinero requerido para esos fines será de unos 10.000 millones de dólares durante los primeros años y una cifra muy superior a partir de 2020.

Aunque la cifra podría parecer poco realista es mucho menor que la que se gasta en conflictos militares, particularmente en Iraq y Afganistán.

Hará falta un cambio fundamental en el modo de pensar para superar este desafío. Las naciones han sido siempre capaces de otorgar prioridad a las amenazas a su propia seguridad. Los riesgos que surgen del cambio climático constituyen la mayor amenaza a la seguridad jamás planteada a la comunidad mundial entera.

Por ello, resultan esenciales nuevos ímpetus para negociar un acuerdo obligatorio que extienda o reemplace el Protocolo de Kyoto, que expirará en 2012.

Es un tremendo desafío que requerirá de todos los países la aceptación de que los intereses de sus propios pueblos sólo pueden ser resguardados con una cooperación que vaya más allá de sus estrechos intereses nacionales.

* El autor fue secretario general de la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente, en 1972, y el primer director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Derechos exclusivos IPS.

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