Los custodios del pensamiento crítico

http://www.infonews.com/2012/01/13/politica-6766-los-custodios-del-pensamiento-critico.php


Por:

Ricardo Forster

Nada más fértil para la democracia y para darle mayor consistencia y hondura a un proceso de transformaciones como el que viene dándose en Argentina desde mayo de 2003 (algunos prefieren hacer retroceder esa fecha a diciembre de 2001 y al alcance exponencial del estallido que condujo a la crisis decisiva del modelo neoliberal; yo me inclino por destacar lo azaroso y rupturista de lo abierto cuando ese casi desconocido político patagónico se metió por una mínima fisura dejada en el muro del sistema por la caída en abismo del país en ese verano del 2001-2002) que la emergencia de diversas opiniones y concepciones que sean capaces de dirimir públicamente el sentido de los acontecimientos. Tal vez acá podríamos colocar una primera pregunta: ¿no tendrá algún mérito en este renacimiento de la cosa política y de las controversias que se vuelven apasionadas un gobierno que ha insistido, entre otras muchas cosas, con priorizar lo político por sobre lo económico? ¿No habrá sucedido algo significativo en el país para haber salido del marasmo despolitizador de los años ’90 en los que las polémicas, si es que las había, entre distintos grupos intelectuales no iban mucho más allá de alguna que otra mesa redonda en la mítica librería “Gandhi” o, en el mejor de los casos, acababan circunscribiéndose a las pocas revistas culturales que insistían con discutir en una época que se hamacaba entre el cinismo posmoderno, el escepticismo desesperanzado de viejas militancias herrumbradas, el oportunismo acomodaticio de quienes veían la política sólo como un negocio personal y el esteticismo fugado de una realidad en estado de intemperie?
Claro que, más allá del vaciamiento ideológico y de la abrumadora presencia de un capital-liberalismo triunfante y hegemónico, se desarrollaban, con intermitencias y con esfuerzos denodados, distintas y multifacéticas experiencias, que aunque minoritarias y testimoniales daban cuenta de una persistencia que se reencontraría con la luz de la historia en las jornadas del 2001 y que, luego de la llegada de Kirchner al gobierno (llegada, hay que volver a repetirlo, inesperada y fortuita), multiplicarían su presencia en las calles de un país que giraba hacia otra estación de su compleja, contradictoria, trágica y conmovedora historia.

Años, los abiertos en mayo de 2003, cargados de novedades, de tensiones, de reconstrucciones y contradicciones en los que la vida democrática, entendida como experiencia de invención y renovación de instituciones, prácticas y políticas, volvió a encontrarse con algunas de sus mejores tradiciones populares (que incluyen, esto no hay que dejar de destacarlo, sus mundos intelectual teóricos que siempre han acompañado y enriquecido los procesos de cambio histórico). Para muchos, lo acontecido en el país a lo largo de este tiempo tumultuoso ha significado tener que hacer el esfuerzo de revisar y repensar historias y concepciones para tratar de entender, y por supuesto intervenir, en la nueva escena argentina que lleva el nombre de, difícil de conceptualizar de manera acabada, kirchnerismo.
Carta Abierta ha sido exponente de un nuevo y renovado compromiso de un amplio espectro de hombres y mujeres de la cultura con un proyecto político llamado a transformar un país que venía cayendo en abismo. Y desde su formación, en los días de la 125 y del conflicto con las patronales agro-mediáticas, nunca ha dejado de intentar interpelar sin dogmatismos ni sectarismos la complejidad del presente argentino. Cada una de sus cartas contiene una parte de ese esfuerzo y una permanente invitación al debate público de ideas.
Por eso no deja de sorprender que lo primero que hace un grupo de intelectuales que se han dado el nombre de “Plataforma 2012” sea descalificar a Carta Abierta. ¿Percibirán, acaso, que ese gesto intemperante no hace otra cosa que confirmar la significación que ha tenido y sigue teniendo Carta Abierta en la escena nacional hasta tal punto que para salir a decir algo que sea escuchado tienen que dirigir sus dardos contra ella?

Quizás resulte algo extraño, atendiendo a lo más arriba señalado, que un grupo de intelectuales, que se autodefine como de izquierda y progresista, salga al ruedo del debate político movilizando una serie de argumentos hípercríticos y, como dice Horacio González, “denuncialistas” respecto del Gobierno en el que, sin rubor y de modo sistemático, invisibilizan lo que se ha venido transformando en nuestro país en los últimos 8 años, y lo hacen empezando por guardar completo silencio sobre aquellas acciones y decisiones que han invertido dramáticamente la agenda de los derechos humanos, de la Justicia, de la recuperación salarial y del empleo, de la construcción indisimulable de una política latinoamericanista, del desendeudamiento y de la salida del tutelaje del FMI, de la recuperación del sistema jubilatorio ampliando la cobertura a millones de argentinos y argentinas que carecían de todo resguardo previsional, de la reconstrucción del sistema educativo y científico sacándolos de la decadencia de décadas, de la decisión política de derogar una ley de radiodifusión proveniente de los años de la dictadura para reemplazarla por una nueva y democrática ley de servicios audiovisuales que abre una era de igualdad en la distribución de la palabra y la imagen, de la implementación de la asignación universal por hijo que ha modificado de cuajo el mapa de la pobreza y de la indigencia, avanzando sobre una imprescindible disminución de la desigualdad, sin siquiera mencionar, este grupo de intelectuales que se han puesto el nombre, algo rimbombante, de “Plataforma para la recuperación del pensamiento crítico” (al que consideran extraviado en medio de un país dominado por la hegemonía kirchnerista, siendo ellos los encargados de “recuperarlo”), las leyes que desde la movilidad jubilatoria, pasando por la del matrimonio civil igualitario hasta las últimas votadas como la del peón rural, la de tierras y la de papel prensa, destacan una clara voluntad del Gobierno por profundizar una política destinada a producir una decisiva metamorfosis en la vida social, económica, política y cultural argentina como no se había visto, al menos, desde el primer peronismo. Y como quizá no imaginábamos que volveríamos a ver por mucho tiempo en un país profundamente envilecido su aparato productivo industrial prácticamente destruido junto con el desguace del Estado y de las propias instituciones de la República, por un modelo económico sustentado por la despolitización neoliberal de la que nada dicen los firmantes de la “Plataforma”.

Estos “críticos” han decidido detenerse, con una retórica que se viene repitiendo desde los tiempos del conflicto con las patronales agromediáticas –conflicto, esto hay que recordarlo, que encontró a algunos de los firmantes de la “Plataforma” del lado de los dueños de la renta agraria–, en una lista de acciones u omisiones que pondrían al Gobierno del lado de la derecha (¿cuál? ¿la del neoliberalismo?, ¿la de los grandes medios de comunicación en donde suelen publicar sus columnas algunos de los adherentes más conocidos de la “Plataforma”?; ¿la del desarrollismo de derecha de los Duhalde o los Macri?; ¿la de la política exterior estadounidense que considera a Chávez una suerte de terrorista, a Evo un cómplice del narcotráfico y a Correa un censor de la prensa libre?; ¿la del sentido común de ciertos sectores de la clase media que sienten un odio visceral ante un gobierno de “corruptos y demagogos” que les recuerdan al populismo tan odiado?; ¿la del mundo financiero que nunca terminó de digerir la recuperación de la jubilación estatal y la disolución de la estafa de las AFJP?; ¿la de los patrones agrarios y sus aliados sindicales que se indignaron ante la aprobación de la ley del peón rural?; ¿la de los banqueros europeos que han logrado destituir la política democrática en Grecia e Italia para reemplazarla por la acción de los tecnócratas?)
Sería muy interesante que, además de despotricar contra el kirchnerismo, pudiesen aclarar dónde se colocan y qué proyecto político defienden y, claro, con quién esperan llevarlo a cabo a la hora de combatir contra los poderes reales, esos que en general han saludado alborozados la aparición de este grupo de intelectuales “críticos” capaces, así lo esperan, de disputarle a Carta Abierta su lugar de preeminencia.

¿De qué hablan estos “críticos” cuando se dedican con especial fruición a intentar desenmascarar, así lo creen, a un gobierno “reaccionario” que ha logrado el apoyo del 54% del pueblo impulsando políticas de reparación social como no se veían en el país desde, al menos, medio siglo? ¿Para su peculiar interpretación de los acontecimientos populares, el festejo multitudinario del Bicentenario y la emotiva despedida masiva a Néstor Kirchner fueron apenas dos geniales puestas en escena (cargadas de hipocresía y cinismo de parte de un poder convertido en represor y, a estas alturas, en asesino serial de luchadores populares) por parte de la máquina propagandística “hegemónica” del Gobierno? ¿Están acaso todos los firmantes de acuerdo con Beatriz Sarlo, que ha desplegado una “ingeniosa interpretación” de la viudez de Cristina y de sus “dotes dramatúrgicas” reduciendo la política a mera escenificación estética? ¿Están sinceramente convencidos de que el Gobierno se ha convertido en un represor a tiempo completo haciendo del asesinato de militantes populares su pasatiempo favorito? Lo inverosímil es proporcional a la ceguera histórica.
Sus argumentos son una mezcla de retórica liberal-republicana con izquierdismo de manual al que le agregan una extraña tendencia a dejar sin siquiera analizarlo el giro histórico que se ha producido en la Argentina desde mayo de 2003 o, más bien, acelerando una argumentación acérrimamente negadora, prefieren hacer de cuenta que el kirchnerismo no ha sido otra cosa que una extraordinaria pantomima simuladora, una suerte de ficción espléndidamente narrada por dos magos del arte de la prestidigitación. Sencilla y terminantemente en nuestro país todo sigue tal cual o peor que en los ’90. Les falta la retórica que hizo del primer peronismo nuestro “nazi-fascismo” autóctono y nos hallaríamos ante un sorprendente caso de repetición malsana de la historia.

Y esta rápida enumeración –que hice al comienzo de este artículo– de políticas de gobierno de una trascendencia indisimulable no supone cerrar los ojos ante lo que todavía no se hizo o ante decisiones equivocadas de parte de un proyecto político que tuvo que hacerse cargo del país en su momento más crítico y desmembrado, cuando el horizonte estaba completamente cerrado y la reparación del pasado, en términos de justicia y verdad, parecía una quimera o era la evidencia de un expediente cerrado que a pocos importaba reabrir.
Señalar lo que falta, destacar los errores cometidos y criticar leyes que no expresan el espíritu democrático (como la recientemente aprobada ley antiterrorista o la necesidad de dar una discusión más amplia y a fondo sobre la megaminería pero eludiendo, eso sí, las pastorales ecologistas que suelen desentenderse de la problemática de aquellas sociedades a las que se le niega la minería pero sin ofrecer nada a cambio, así como también avanzar sobre una ley de tierras rural y urbana que garantice el acceso a quienes lo tienen vedado) supone un rasgo fundamental que no ha sido desconocido durante estos años y en espacios próximos al propio kirchnerismo e, incluso, a quienes son parte de él (allí está la última producción escrita de Carta Abierta para dar cuenta de lo que significa adherir sin dejar de señalar los problemas, las carencias y lo que falta).
Pero una cosa es ejercer la perspectiva crítica y otra muy distinta es acoplarse, bajo una retórica que se quiere progresista, a la andanada de voces provenientes del espíritu restauracionista que no busca otra cosa que destituir una experiencia, la kirchnerista, que ha reabierto las posibilidades de un proyecto de matriz nacional, popular y democrático en un país que había perdido todas las esperanzas. Enfatizar la lógica denuncialista es persistir en un ya gastado recurso despolitizador, ese mismo que les permitió a muchos “progresistas” de los ’90 asumirse como los grandes críticos de un sistema corrupto para, una vez girado el tiempo de la historia, terminar escribiendo sus diatribas antigubernamentales desde las usinas mediáticas del liberal conservadurismo. Otra cosa sería ir al debate sin ese prejuicio que les impide, en el fondo, sustraerse a una repetición malsana.

La mirada en espejo nos ofrece, si sabemos ser observadores desprejuiciados, interesantes paralelismos allí donde es posible y necesario comparar distintas épocas. ¿Resulta acaso exagerado señalar que el grupo “Plataforma 2012”, autoerigido en defensor del pensamiento crítico y autónomo mientras lo que prevalece en el país, eso dicen sin ruborizarse, es una suerte de cóctel de “discurso hegemónico” y de “construcción de un relato oficial” monocorde, se dedica a denostar, utilizando todos los recursos de la tachadura de larga tradición en ciertas izquierdas, a un gobierno que, al menos, le cambió el rostro a una sociedad en estado de indigencia política, moral, económica y social, y que esa radical negación se asemeja a lo que, en otro contexto de nuestra historia, se hizo con el primer peronismo y también en nombre de una izquierda, a la que ese nombre le queda demasiado holgado, siempre lista para afirmar que lo único valioso es lo que no se hizo mientras se vuelve ciega para lo evidente? Tal vez, y ése sea nuestro error, no sabíamos de la existencia de quienes son los custodios intachables del pensamiento crítico.

CIELO SIN RUIDOS

 

ESTA NAVIDAD Y AÑO NUEVO A LAS 12 DE LA NOCHE, EN VEZ DE TIRAR PETARDOS SOLTEMOS GLOBOS DE COLORES, QUE CADA UNO DE ELLOS LLEVE UN MENSAJE QUE NOS GUSTARÍA QUE RECIBA OTRA PERSONA …. Y QUE EL CIELO SE LLENE DE GLOBOS, DE MENSAJES … DE COLORES.

DE ESTA MANERA EVITARÍAMOS QUE MUCHOS NIÑOS SUFRAN AMPUTACIONES, POR EL MANEJO DE LA PÓLVORA … LOS ANIMALES NO SUFRIRÍAN, Y QUIZÁS ALGUIEN QUE ESTE SOLO, SE ALEGRE POR RECIBIR TU MENSAJE … ♥ ♦ SI ESTAS DE ACUERDO PEGALO EN TU MURO.♦

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Próximo inicio del “Posgrado en TV Digital” de la UP.

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De izquierda a derecha: Ing. Osvaldo Kawakita (NEC Argentina), Ing. Tomohito Ikegami (DiBEG Japón), Profesor Luis Fernando Soares(Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro), Felipe Ferreira (Secretario Embajada de Brasil), Eiji Roppongi (ARIB/DiBEG) e Ing. César Gallegos (DiBEG Perú), frente a la Demo de TV Digital, en la UP, junio de 2009.

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Mercedes y la politización

http://www.elargentino.com/nota-77262-Mercedes-y-la-politizacion.html

POR RICARDO FORSTER

La semana pasada, antes de conocerse la designación de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central, comenzaba de este modo mi columna en el Buenos Aires Económico: “El kirchnerismo, pareciera ser, necesita equivocarse para redescubrir el rumbo; necesita percibir que algo se hizo mal (no el hecho de desprenderse de Redrado sino el modo como se lo hizo o como se lo conservó durante tanto tiempo) para reencontrarse con su mejor discurso. Hoy eso se traduce en el imprescindible debate alrededor del estatuto del Banco Central expandiéndolo hacia una discusión más profunda y amplia que incluya también una nueva ley de entidades financieras. El establishment sabe que alrededor de este sainete de verano se juega algo más que trascendental; sabe que décadas de manejo financiero discrecional pueden llegar a su fin rompiendo uno de los ejes principales de la herencia neoliberal en nuestro país. Redrado es apenas una excusa para dirimir estas cuestiones que van más allá de la coyuntura. Todos los actores lo saben y siguen aprestando sus armas para las batallas que se avecinan. Sería aconsejable que el gobierno recuerde que sin un relato verosímil, sin lo previo y sin entusiasmar al pueblo con un proyecto de transformación, los que seguirán imponiendo su lógica serán los poderosos de siempre. De ahí, entonces, que estemos situados en un más allá de la coyuntura y de sus demandas inmediatas; que lo que hoy hace ruido a través del “caso Redrado” no sea otra cosa que la disputa central alrededor de la cuestión de la igualdad de los incontables, que es lo mismo que decir, con otras palabras, que lo central en la Argentina del 2010 sigue siendo la disputa por la renta y su distribución”.

No hay dudas de que la llegada de Marcó del Pont a la presidencia del Banco Central trasciende lo anecdótico y los laberínticos filigranas institucionales y jurídicos que desencadenaron el desplazamiento de Redrado. Saliendo de la torpeza inicial, aquella que, entre otras cosas, permitió la consolidación de una suerte de “partido judicial”, como lo llamó no sin astucia e ironía el ministro Aníbal Fernández, además de convertir en un comienzo al ex Golden Boy en una suerte de abanderado del virtuosismo republicano y dándole argumentos inverosímiles a la oposición para que se hiciera un pic nic mediático (incluyendo en esto la polémica y poco feliz compra de los 2 millones de dólares por parte de Néstor Kirchner en noviembre de 2008, que más allá de su legalidad cuestiona, a ojos de muchos militantes, su compromiso con un proyecto de redistribución de la riqueza y vuelve difícil remontar el largo y complejo camino para acercar a algunos sectores de las clases medias muy sensibles a estas cuestiones de “forma”); el gobierno de Cristina Fernández tomó una decisión que, dado el contexto y las versiones de posibles candidatos al cargo, no dejó de ser inesperada y extremadamente importante al convocar a una economista del perfil ideológico de Mercedes Marcó del Pont que, entre otras cosas, viene a romper con el mito, esgrimido hasta el hartazgo por los discurseadores neoliberales a lo Prat Gay, de que al frente del Banco Central debería estar un “técnico” alejado, supuestamente, de veleidades políticas y/o ideológicas que le nublaran la vista al tener que tomar decisiones estrictamente técnico-monetarias.

A ninguno de esos defensores de la autonomía del Central y de la ortodoxia técnica les importó señalar, cuando el país perdía sus reservas y la moneda se depreciaba salvajemente beneficiando la brutal concentración de la riqueza en muy pocas manos, que los supuestos economistas técnicamente “irreprochables” eran cómplices directos del vaciamiento de las arcas del Tesoro Público. Ni tampoco se preocuparon de que se utilizaran reservas para pagar deuda ni intentaron impedir la fuga de capitales.

A los “virtuosos” representantes del radicalismo, esos que hoy se han convertido en cruzados de la autarquía del Banco Central y de la intangibilidad de las reservas, habría que recordarles qué le sucedió a Alfonsín con los famosos mercados y de qué modo se fugaron miles de millones de dólares, o interrogarse por la política “republicana” de la Alianza al convocar a Cavallo para resolver una crisis lista para hacer volar en mil pedazos los ahorros de los argentinos, sin olvidar, claro, la política de ajuste con la que De la Rúa inició su gobierno de la mano de un “irreprochable” ministro Machinea.

De cínicos e hipócritas está empedrada la larga calle de la política (sino habría que destacar la doble moral de los medios de comunicación que nada dijeron del chantaje al que Lilita Carrió sometió a Prat Gay para que éste votase contra sus convicciones, mientras que, en su momento, saludaron la valentía republicana del voto no positivo de Cobos contra la resolución 125 por dejarse conducir por sus convicciones y no por mero seguidismo oficialista).

De un sólo golpe desde la Casa Rosada se terminó con la seguidilla de monetaristas ortodoxos o de simples empleados de la banca privada y de la especulación financiera que siempre estuvieron, salvando contadísimas excepciones, al frente de la entidad encargada centralmente de la moneda. Al nombrar a Mercedes Marcó del Pont el gobierno vuelve a dar una clara señal en dirección a la profundización de un proyecto de transformación de los lineamientos neoliberales que dominaron durante décadas el eje de la economía argentina. Pero también restituye la imprescindible relación entre economía y política que es lo mismo que poner en discusión el fetiche de la autarquía del Banco Central como una supra entidad por encima e independiente de las decisiones de quien ha sido democráticamente elegido para diseñar los destinos del país.

Al establishment, acostumbrado a tomar decisiones con absoluta independencia de la voluntad democrática y tratando siempre de condicionar a los gobiernos de turno, la autarquía del Banco Central le parece un bien inmaculado, entre otras cosas, porque puede ejercer su descomunal lobby sin tener que salir a la luz pública ni depender del juego democrático. En ese gesto que causó sorpresa y, en muchos exponentes de la ortodoxia económica, malestar e inquietud, se expresa, con sus idas y vueltas, lo más interesante de un gobierno que, frente a sus propios errores o a la embestida de las corporaciones económico-mediáticas, vuelve a salir hacia delante y redoblando la apuesta en un sentido favorable a los intereses populares. Lo inquietante sigue siendo la forma espasmódica que asumen sus jugadas.

Lo que también no deja de sorprender y de inquietar es que el nombre que más sonaba para llegar al Banco Central, cuando casi nadie mencionaba el de quien finalmente fue designada, era el de Mario Blejer, un economista muy lejano al perfil de Mercedes y con gran aceptación en el establishment económico, en especial el bancario-financiero. No hay dudas de que las implicancias políticas de nombrar a uno o a otro son por completo diferentes. Mientras que Blejer, quien fue prácticamente ungido por el ministro de economía Boudou en medio del folletín “Redrado” y como “señal”, una vez más, a los mercados para que no se preocupasen, quedó fuera de juego; quien finalmente accedió al Banco Central fue alguien que venía de una perspectiva económica y política por completo diferente y referenciada con las mejores iniciativas del kirchnerismo, además de poseer un excelente currículum profesional que la hacía invulnerable a los ataques malintencionados.

Lo inquietante, decía, es que podría haber sido cualquiera de los dos sabiendo, como sabemos, que los nombres no son intercambiables ni representan las mismas perspectivas políticas y económicas. Hay circunstancias en las que la sorpresa puede ser vital para garantizar el sentido de la decisión tomada, pero cuando se convierte en recurrente acaba por debilitar ese efecto supuestamente buscado para dejar al descubierto que muchas veces se actúa en función del puro instante y sin relacionar esa acción con un proyecto más amplio y de largo alcance. El peligro que se corre, cuando lo previo queda subsumido en el golpe de efecto, es devaluar la capacidad de interpelación y de comunicación con una parte importante de la sociedad que necesita sentirse interpelada e incluida en el rumbo elegido. Abusar del factor sorpresa puede generar lo contrario a lo buscado: confusión y desideologización allí donde es posible juntar “la Biblia y el calefón”, de la misma manera que ayer podía ser Blejer y hoy es Mercedes, jugando con lo aleatorio y lo circunstancial en detrimento del contenido y de la orientación galvanizadora de demandas y de expectativas. Hasta ahora, y más allá de sus vicisitudes y sus contradicciones, lo mejor del kirchnerismo, allí donde no apela a un voluntarismo encriptado, sigue habilitando un camino de transformaciones en torno a la creación de un país más equitativo.

Del otro lado, lo que aparece es la lógica de la conjura y de la destitución que elige los más diversos caminos para ir horadando la legitimidad del gobierno. ¿Su propuesta? Echemos una mirada a las políticas de ajuste que el FMI está planteando para algunos países europeos (España, Portugal, Grecia, etc.) y tendremos rápidamente la respuesta de lo que desea la oposición, ciertos “periodistas independientes” y las corporaciones económico-mediáticas.

Que la Presidenta se haya decidido por Mercedes Marcó del Pont y no por Mario Blejer constituye una clara señal respecto a la orientación de un gobierno que establece una decisiva vinculación entre sus medidas más progresivas (pienso en la reestatización del sistema jubilatorio, en la defensa del mercado interno y del trabajo, en la ley de medios, en la asignación universal y en la tajante negación a implementar políticas de ajuste) y el papel que debería asumir nuestra máxima institución monetaria a la hora de buscar profundizar un modelo redistributivo.

Lo deseable, me parece, es que un nombramiento como el que estoy comentando no nos cause tanta sorpresa sino que sea expresión de un gobierno que no deja lugar para las confusiones ni las dudas y al que no le puede dar lo mismo Mercedes que Blejer; la defensa del trabajo, del crédito y de la producción nacional que las ortodoxias monetaristas que vienen a cuidar los intereses de los grandes banqueros y especuladores. Demasiados años estuvo Redrado con su sonrisa de Golden Boy educado en Chicago, ahora es tiempo de engarzar las piezas para avanzar en un proyecto más justo y equitativo, ese que está en el núcleo ideológico del pensamiento económico de Mercedes y por el cual, seguramente, la nombró Cristina Fernández eludiendo los susurros que le ofrecían, seductores, otros nombres antagónicos a los intereses populares.