Unos 20 militantes kirchneristas fueron detenidos en CÓRDOBA

Denuncian la detención de 20 militantes kirchneristas
 Detienen a 20 jóvenes kirchneristas por pintadas
Detienen a 20 jóvenes kirchneristas por pintadas
04-10-12 / 12:16
Estaban realizando pintadas en defensa de la democracia cuando fueron arrestados por personal de la Policía de Córdoba.

Unos 20 militantes kirchneristas fueron detenidos en la madrugada de hoy por miembros de la Policía de Córdoba, mientras realizaban pintadas en zonas cercanas al centro de la ciudad.

Se trata de militantes de “Unidos y Organizados”, movimiento que integran las agrupaciones La Cámpora, Movimiento Evita, La Jauretche y Kapiango JP que plasmaban proclamas en defensa de la democracia, atendiendo al conflicto con Gendarmería y Prefectura.

Según informaron desde esos sectores, los detenidos fueron demorados en diferentes comisarías de la ciudad.

Fueron liberados por orden de la fiscalía de Gustavo Sandoval, sin que se les imputara delito alguno.

En diálogo con Radio Nacional, el abogado Claudio Orozs responsabilizó directamente a la gestión del gobernador De la Sota por el episodio.

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Obama y su discurso

el gobernante norteamericano y premio Nobel de la “Paz”, se atribuye continuar su política intervencionista en aras de volver a prometer las cosas no cumplidas y ampliar con nuevas promesas poco reales dadas las diferencias de puntos de vista con la mayoría republicana en los temas de los  inmigrantes y las mejoras en los sectores de la salud y educacionales.

vía Obama y su discurso.

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Colaborador de “La pupila insomne” en Miami denuncia amenazas contra su vida

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Los custodios del pensamiento crítico

http://www.infonews.com/2012/01/13/politica-6766-los-custodios-del-pensamiento-critico.php


Por:

Ricardo Forster

Nada más fértil para la democracia y para darle mayor consistencia y hondura a un proceso de transformaciones como el que viene dándose en Argentina desde mayo de 2003 (algunos prefieren hacer retroceder esa fecha a diciembre de 2001 y al alcance exponencial del estallido que condujo a la crisis decisiva del modelo neoliberal; yo me inclino por destacar lo azaroso y rupturista de lo abierto cuando ese casi desconocido político patagónico se metió por una mínima fisura dejada en el muro del sistema por la caída en abismo del país en ese verano del 2001-2002) que la emergencia de diversas opiniones y concepciones que sean capaces de dirimir públicamente el sentido de los acontecimientos. Tal vez acá podríamos colocar una primera pregunta: ¿no tendrá algún mérito en este renacimiento de la cosa política y de las controversias que se vuelven apasionadas un gobierno que ha insistido, entre otras muchas cosas, con priorizar lo político por sobre lo económico? ¿No habrá sucedido algo significativo en el país para haber salido del marasmo despolitizador de los años ’90 en los que las polémicas, si es que las había, entre distintos grupos intelectuales no iban mucho más allá de alguna que otra mesa redonda en la mítica librería “Gandhi” o, en el mejor de los casos, acababan circunscribiéndose a las pocas revistas culturales que insistían con discutir en una época que se hamacaba entre el cinismo posmoderno, el escepticismo desesperanzado de viejas militancias herrumbradas, el oportunismo acomodaticio de quienes veían la política sólo como un negocio personal y el esteticismo fugado de una realidad en estado de intemperie?
Claro que, más allá del vaciamiento ideológico y de la abrumadora presencia de un capital-liberalismo triunfante y hegemónico, se desarrollaban, con intermitencias y con esfuerzos denodados, distintas y multifacéticas experiencias, que aunque minoritarias y testimoniales daban cuenta de una persistencia que se reencontraría con la luz de la historia en las jornadas del 2001 y que, luego de la llegada de Kirchner al gobierno (llegada, hay que volver a repetirlo, inesperada y fortuita), multiplicarían su presencia en las calles de un país que giraba hacia otra estación de su compleja, contradictoria, trágica y conmovedora historia.

Años, los abiertos en mayo de 2003, cargados de novedades, de tensiones, de reconstrucciones y contradicciones en los que la vida democrática, entendida como experiencia de invención y renovación de instituciones, prácticas y políticas, volvió a encontrarse con algunas de sus mejores tradiciones populares (que incluyen, esto no hay que dejar de destacarlo, sus mundos intelectual teóricos que siempre han acompañado y enriquecido los procesos de cambio histórico). Para muchos, lo acontecido en el país a lo largo de este tiempo tumultuoso ha significado tener que hacer el esfuerzo de revisar y repensar historias y concepciones para tratar de entender, y por supuesto intervenir, en la nueva escena argentina que lleva el nombre de, difícil de conceptualizar de manera acabada, kirchnerismo.
Carta Abierta ha sido exponente de un nuevo y renovado compromiso de un amplio espectro de hombres y mujeres de la cultura con un proyecto político llamado a transformar un país que venía cayendo en abismo. Y desde su formación, en los días de la 125 y del conflicto con las patronales agro-mediáticas, nunca ha dejado de intentar interpelar sin dogmatismos ni sectarismos la complejidad del presente argentino. Cada una de sus cartas contiene una parte de ese esfuerzo y una permanente invitación al debate público de ideas.
Por eso no deja de sorprender que lo primero que hace un grupo de intelectuales que se han dado el nombre de “Plataforma 2012” sea descalificar a Carta Abierta. ¿Percibirán, acaso, que ese gesto intemperante no hace otra cosa que confirmar la significación que ha tenido y sigue teniendo Carta Abierta en la escena nacional hasta tal punto que para salir a decir algo que sea escuchado tienen que dirigir sus dardos contra ella?

Quizás resulte algo extraño, atendiendo a lo más arriba señalado, que un grupo de intelectuales, que se autodefine como de izquierda y progresista, salga al ruedo del debate político movilizando una serie de argumentos hípercríticos y, como dice Horacio González, “denuncialistas” respecto del Gobierno en el que, sin rubor y de modo sistemático, invisibilizan lo que se ha venido transformando en nuestro país en los últimos 8 años, y lo hacen empezando por guardar completo silencio sobre aquellas acciones y decisiones que han invertido dramáticamente la agenda de los derechos humanos, de la Justicia, de la recuperación salarial y del empleo, de la construcción indisimulable de una política latinoamericanista, del desendeudamiento y de la salida del tutelaje del FMI, de la recuperación del sistema jubilatorio ampliando la cobertura a millones de argentinos y argentinas que carecían de todo resguardo previsional, de la reconstrucción del sistema educativo y científico sacándolos de la decadencia de décadas, de la decisión política de derogar una ley de radiodifusión proveniente de los años de la dictadura para reemplazarla por una nueva y democrática ley de servicios audiovisuales que abre una era de igualdad en la distribución de la palabra y la imagen, de la implementación de la asignación universal por hijo que ha modificado de cuajo el mapa de la pobreza y de la indigencia, avanzando sobre una imprescindible disminución de la desigualdad, sin siquiera mencionar, este grupo de intelectuales que se han puesto el nombre, algo rimbombante, de “Plataforma para la recuperación del pensamiento crítico” (al que consideran extraviado en medio de un país dominado por la hegemonía kirchnerista, siendo ellos los encargados de “recuperarlo”), las leyes que desde la movilidad jubilatoria, pasando por la del matrimonio civil igualitario hasta las últimas votadas como la del peón rural, la de tierras y la de papel prensa, destacan una clara voluntad del Gobierno por profundizar una política destinada a producir una decisiva metamorfosis en la vida social, económica, política y cultural argentina como no se había visto, al menos, desde el primer peronismo. Y como quizá no imaginábamos que volveríamos a ver por mucho tiempo en un país profundamente envilecido su aparato productivo industrial prácticamente destruido junto con el desguace del Estado y de las propias instituciones de la República, por un modelo económico sustentado por la despolitización neoliberal de la que nada dicen los firmantes de la “Plataforma”.

Estos “críticos” han decidido detenerse, con una retórica que se viene repitiendo desde los tiempos del conflicto con las patronales agromediáticas –conflicto, esto hay que recordarlo, que encontró a algunos de los firmantes de la “Plataforma” del lado de los dueños de la renta agraria–, en una lista de acciones u omisiones que pondrían al Gobierno del lado de la derecha (¿cuál? ¿la del neoliberalismo?, ¿la de los grandes medios de comunicación en donde suelen publicar sus columnas algunos de los adherentes más conocidos de la “Plataforma”?; ¿la del desarrollismo de derecha de los Duhalde o los Macri?; ¿la de la política exterior estadounidense que considera a Chávez una suerte de terrorista, a Evo un cómplice del narcotráfico y a Correa un censor de la prensa libre?; ¿la del sentido común de ciertos sectores de la clase media que sienten un odio visceral ante un gobierno de “corruptos y demagogos” que les recuerdan al populismo tan odiado?; ¿la del mundo financiero que nunca terminó de digerir la recuperación de la jubilación estatal y la disolución de la estafa de las AFJP?; ¿la de los patrones agrarios y sus aliados sindicales que se indignaron ante la aprobación de la ley del peón rural?; ¿la de los banqueros europeos que han logrado destituir la política democrática en Grecia e Italia para reemplazarla por la acción de los tecnócratas?)
Sería muy interesante que, además de despotricar contra el kirchnerismo, pudiesen aclarar dónde se colocan y qué proyecto político defienden y, claro, con quién esperan llevarlo a cabo a la hora de combatir contra los poderes reales, esos que en general han saludado alborozados la aparición de este grupo de intelectuales “críticos” capaces, así lo esperan, de disputarle a Carta Abierta su lugar de preeminencia.

¿De qué hablan estos “críticos” cuando se dedican con especial fruición a intentar desenmascarar, así lo creen, a un gobierno “reaccionario” que ha logrado el apoyo del 54% del pueblo impulsando políticas de reparación social como no se veían en el país desde, al menos, medio siglo? ¿Para su peculiar interpretación de los acontecimientos populares, el festejo multitudinario del Bicentenario y la emotiva despedida masiva a Néstor Kirchner fueron apenas dos geniales puestas en escena (cargadas de hipocresía y cinismo de parte de un poder convertido en represor y, a estas alturas, en asesino serial de luchadores populares) por parte de la máquina propagandística “hegemónica” del Gobierno? ¿Están acaso todos los firmantes de acuerdo con Beatriz Sarlo, que ha desplegado una “ingeniosa interpretación” de la viudez de Cristina y de sus “dotes dramatúrgicas” reduciendo la política a mera escenificación estética? ¿Están sinceramente convencidos de que el Gobierno se ha convertido en un represor a tiempo completo haciendo del asesinato de militantes populares su pasatiempo favorito? Lo inverosímil es proporcional a la ceguera histórica.
Sus argumentos son una mezcla de retórica liberal-republicana con izquierdismo de manual al que le agregan una extraña tendencia a dejar sin siquiera analizarlo el giro histórico que se ha producido en la Argentina desde mayo de 2003 o, más bien, acelerando una argumentación acérrimamente negadora, prefieren hacer de cuenta que el kirchnerismo no ha sido otra cosa que una extraordinaria pantomima simuladora, una suerte de ficción espléndidamente narrada por dos magos del arte de la prestidigitación. Sencilla y terminantemente en nuestro país todo sigue tal cual o peor que en los ’90. Les falta la retórica que hizo del primer peronismo nuestro “nazi-fascismo” autóctono y nos hallaríamos ante un sorprendente caso de repetición malsana de la historia.

Y esta rápida enumeración –que hice al comienzo de este artículo– de políticas de gobierno de una trascendencia indisimulable no supone cerrar los ojos ante lo que todavía no se hizo o ante decisiones equivocadas de parte de un proyecto político que tuvo que hacerse cargo del país en su momento más crítico y desmembrado, cuando el horizonte estaba completamente cerrado y la reparación del pasado, en términos de justicia y verdad, parecía una quimera o era la evidencia de un expediente cerrado que a pocos importaba reabrir.
Señalar lo que falta, destacar los errores cometidos y criticar leyes que no expresan el espíritu democrático (como la recientemente aprobada ley antiterrorista o la necesidad de dar una discusión más amplia y a fondo sobre la megaminería pero eludiendo, eso sí, las pastorales ecologistas que suelen desentenderse de la problemática de aquellas sociedades a las que se le niega la minería pero sin ofrecer nada a cambio, así como también avanzar sobre una ley de tierras rural y urbana que garantice el acceso a quienes lo tienen vedado) supone un rasgo fundamental que no ha sido desconocido durante estos años y en espacios próximos al propio kirchnerismo e, incluso, a quienes son parte de él (allí está la última producción escrita de Carta Abierta para dar cuenta de lo que significa adherir sin dejar de señalar los problemas, las carencias y lo que falta).
Pero una cosa es ejercer la perspectiva crítica y otra muy distinta es acoplarse, bajo una retórica que se quiere progresista, a la andanada de voces provenientes del espíritu restauracionista que no busca otra cosa que destituir una experiencia, la kirchnerista, que ha reabierto las posibilidades de un proyecto de matriz nacional, popular y democrático en un país que había perdido todas las esperanzas. Enfatizar la lógica denuncialista es persistir en un ya gastado recurso despolitizador, ese mismo que les permitió a muchos “progresistas” de los ’90 asumirse como los grandes críticos de un sistema corrupto para, una vez girado el tiempo de la historia, terminar escribiendo sus diatribas antigubernamentales desde las usinas mediáticas del liberal conservadurismo. Otra cosa sería ir al debate sin ese prejuicio que les impide, en el fondo, sustraerse a una repetición malsana.

La mirada en espejo nos ofrece, si sabemos ser observadores desprejuiciados, interesantes paralelismos allí donde es posible y necesario comparar distintas épocas. ¿Resulta acaso exagerado señalar que el grupo “Plataforma 2012”, autoerigido en defensor del pensamiento crítico y autónomo mientras lo que prevalece en el país, eso dicen sin ruborizarse, es una suerte de cóctel de “discurso hegemónico” y de “construcción de un relato oficial” monocorde, se dedica a denostar, utilizando todos los recursos de la tachadura de larga tradición en ciertas izquierdas, a un gobierno que, al menos, le cambió el rostro a una sociedad en estado de indigencia política, moral, económica y social, y que esa radical negación se asemeja a lo que, en otro contexto de nuestra historia, se hizo con el primer peronismo y también en nombre de una izquierda, a la que ese nombre le queda demasiado holgado, siempre lista para afirmar que lo único valioso es lo que no se hizo mientras se vuelve ciega para lo evidente? Tal vez, y ése sea nuestro error, no sabíamos de la existencia de quienes son los custodios intachables del pensamiento crítico.

ABIERTO POR VACACIONES

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Las dos caras de Guantánamo ( video)

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El 42,12% de los conglomerados son de origen público.

En Argentina, la tendencia a la conglomeración alcanza a los bancos públicos y cooperativos, y lo hace con un importante protagonismo. Esto lejos de ser un problema presenta una ventaja. Este grupo de bancos funcionan como múltiples empresas “testigo”, permitiendo que las autoridades regulatorias y supervisoras puedan ser más eficaces en su tarea. Es una de las conclusiones del trabajo ¨Dimensión y regulación de los conglomerados financieros. El caso Argentino¨, de los investigadores del CEFID-Ar, Romina Kupelian y María Sol Rivas.

Es una de las conclusiones del trabajo ¨Dimensión y regulación de los conglomerados financieros. El caso Argentino¨, de los investigadores del CEFID-Ar, Romina Kupelian y María Sol Rivas.

El fenómeno de la conglomeración financiera no es nuevo, se pueden observar las primeras grandes fusiones a fines del siglo XIX. Por aquel entonces, la literatura económica tomaba como central esta cuestión, señalando las consecuencias negativas que acarreaba. Obviamente, a medida que se iban formando grupos económicos el poder se concentraba cada vez más, especialmente en los sectores financieros e industriales que se fusionaban en instituciones financieras. Las figuras emblemáticas de esto fueron J.O. Morgan y John Rockefeller.

En los comienzos del siglo XX el fenómeno de la conglomeración se fue profundizando. Por esos años se produjo una nueva ola de fusiones bajo la forma de conglomerados. Hasta ese entonces, las economías estaban caracterizadas por la desregulación y la no intervención del Estado, cosa que facilitaba la conformación de grupos. Esta situación cambia a raíz de la crisis de 1929.

Es a partir de la “Gran Crisis” cuando se dictan normas que establecen límites a la integración de los sectores financieros e imposibilitaban la concentración económica en grandes corporaciones, asimismo, también se le prohíbe a los banqueros de participar en empresas industriales, comerciales y de servicios. La Ley de Bancos norteamericana de 1933 –conocida como la Glass Steagall- era un claro ejemplo de la delimitación de actividades a los bancos comerciales. En ella se establecía, entre otras cosas, la total separación de los bancos de depósitos de los de inversión, con el fin de evitar una nueva crisis como la desatada en 1929.

Es a partir de la década del 70, que las economías comienzan a desenvolverse nuevamente en un contexto de liberalización, mundialización y financiarización, entendido esto último como el aumento de la importancia relativa del sector financiero. Se desmantelan las normas que establecían límites a la integración de los sectores (bancos, seguros y/o fondos de inversión) e imposibilitaban la concentración en grupos financieros.

Este resquebrajamiento de las regulaciones comenzó con la presión que ejercía sobre la rentabilidad bancaria la competencia de las otras actividades financieras.

Finalmente, en los 90, se terminaron de eliminar los límites operacionales que impedían la integración sectorial. Es así que se inicio un proceso de fusiones y adquisiciones entre entidades bancarias y firmas que se desarrollaban en otros segmentos financieros, tanto a niveles locales como internacionales, y comenzaron a conformarse los grandes grupos económicos. Estas entidades conglomeradas aumentaron el tamaño de los fondos administrados y el número de operaciones por empresa, afianzándose, al mismo tiempo, la internacionalización de los mercados. Esta transformación dejó, tal como se comentó a lo largo del trabajo, al sector financiero más vulnerable al ampliar la aceptación de mayores niveles de riesgo en relación a la calidad de los activos incorporados a la gestión de las actividades. No es menor, sino más bien funcional, el contexto ideológico en el que este cambio se produjo. Por aquel entonces, la idea neoliberal hegemónica de que la eliminación de la intervención estatal en este mercado mejora el nivel del ahorro y la asignación de los recursos y hace crecer a las economías, impulsó este proceso. Por el contrario, la integración sectorial y desregulación trajo como correlato economías más frágiles. En este contexto, las regulaciones microprudenciales recomendadas y difundidas no fueron capaces de promover la estabilidad, proteger la integridad del patrimonio de los ahorristas y defender a la sociedad frente al poder derivado de las corporaciones bancarias. Más allá del proceso específico que la generó, hipotecas subprime y su titularización, la crisis mundial pudo desarrollarse como consecuencia de estas transformaciones.

Asimismo, la presión que ejerció el capital financiero internacional para realizar estos cambios, motivado por los grandes beneficios que se encontraban asociados a ellos, se vio acompañada por un rápido desarrollo de innovaciones financieras y avances tecnológicos facilitando, de este modo, una rápida integración.

La innovación financiera generó un importante abanico de productos y produjo un desplazamiento en la disposición final del ahorro. Al encontrarse disponibles tanto para las corporaciones como para las familias, se incrementó la variedad de instrumentos financieros. Anteriormente, los depósitos eran los principales receptores del capital, a partir del ofrecimiento de nuevos servicios más atractivos en términos de rendimiento, las familias y empresas comenzaron a demandar paquetes más sofisticados y diversificar carteras preferiblemente desde un único proveedor, ya que les significaba menores costos de búsqueda y monitoreo. Este cambio en el comportamiento de los inversores fue acompañado por rápidos avances tecnológicos (de comunicación y sistemas informáticos) que posibilitaron una mayor eficiencia y un menor tiempo en la administración de las inversiones permitiendo a las instituciones abarcar una mayor proporción del mercado.

La conformación de conglomerados financieros, tal como se mencionó en el trabajo (ver link adjunto al trabajo completo), supone ventajas y desventajas, tanto del punto de vista de los clientes como de las entidades. Los beneficios están relacionados a las ventajas informativas, economías de escala y menores riesgos ante una mayor diversificación. Sin embargo, a pesar de éstas, existen grandes riesgos. Entre las desventajas que se pueden mencionar se encuentran, sobre todo, el riesgo sistémico, dado que aumenta la posibilidad de propagar los problemas de un componente bancario o no al resto del conglomerado y al sistema en su conjunto. Por otro lado, la falta de transparencia, la complejidad de las operaciones y la estructura de propiedad, limitan la capacidad de supervisión y el monitoreo por parte de los clientes, aumentando, también, el riesgo sistemático. Asimismo, la conformación de conglomerados genera la oportunidad a las entidades de reasignar actividades dentro del grupo de forma de sortear regulación y supervisión y de eludir impuestos. Quedan mencionar como desventajas: los conflictos de interés y el riesgo moral.

Más allá de los problemas que acarrea la conformación de conglomerados financieros, muy pocos países imponen límites a la integración intersectorial. En el trabajo se ha detectado que de una muestra de 41 países, la inversión de cartera no es permitida en 2% y los seguros en un 5%.

En este marco de proliferación de grupos intersectoriales (entidades de créditos, servicios de inversión y aseguradoras) y dado los riesgos que suponen, los organismos financieros, tanto nacionales como internacionales, vieron la necesidad de recomendar una nueva regulación proporcional a la aparición de nuevos riesgos y al aumento de los ya existentes.

Es así que el Foro Conjunto recomienda fortalecer la supervisión y regulación de las corporaciones financieras, especialmente aquellas que están activas internacionalmente, y apunta a que las regulaciones deberían cubrir todas las actividades de los grupos. Por su parte, el BCBS pone el énfasis en mejorar el intercambio de información y cooperación entre los distintos entes de control para lograr una efectiva supervisión y la convergencia internacional de medidas y normas de capital.

De todos modos, no hay que perder de vista que la lógica institucional con la que se manejan estos organismos es propia del paradigma neoliberal, lógica bajo la cual se dejo fuera de los mecanismos de decisión a la periferia. Es importante mencionar que las recomendaciones de tilde prudencial que estos organismos formularon al sistema financiero no sólo no ayudaron a evitar y disminuir la crisis mundial.

Por otro lado, ante este nuevo contexto financiero se debieron redefinir las funciones de los supervisores y buscar mejores alternativas de control para dar respuesta a los nuevos niveles de opacidad que se generaron. Así, cada país fue optando por el enfoque de supervisión que le resultó más conveniente, ya sea de tipo unificada a cargo de un solo ente supervisor (banco central o fuera del banco central) o especializada con una estructura formada por más de una entidad supervisora según el tipo de segmento de mercado que se trate. Al mismo tiempo, se hizo necesario incrementar la eficacia en la prevención y control de las crisis y la estabilidad financiera mediante el intercambio y cooperación entre supervisores de las distintas actividades y de los distintos países en losque actúe un mismo grupo financiero. En el caso del sistema financiero argentino en particular, el tipo de supervisión que se adoptó fue la especializada, a través del BCRA (bancos), la CNV (mercado de capitales) y la SSN (seguros).

Del análisis que se realizó del sistema financiero en nuestro país se desprende que a diciembre de 2010 sólo los principales conglomerados que operan ocupan el 74,45% del total de los activos administrados por el mercado. De este 74,45% el 42,12% de los fondos administrados es de origen público.

Tal como se desprende del análisis, en Argentina, la tendencia a la conglomeración también alcanza a los bancos públicos y cooperativos, y lo hace con un importante protagonismo. Esto lejos de ser un problema presenta una ventaja. Este grupo de bancos funcionan como múltiples empresas “testigo”, permitiendo que las autoridades regulatorias y supervisoras puedan ser más eficaces en su tarea.

En síntesis, el trabajo ha permitido contar con un panorama del grado de preeminencia que el fenómeno de la conglomeración financiera alcanza a nivel mundial, en general y en Argentina, en particular, así como algunas líneas de la regulación que existen en distintos países, y de los riesgos que la conformación de conglomerados acarrea. Sin embargo, más allá de estos riesgos y aún cuando los grupos desvirtúan la importancia del sistema bancario en términos del desarrollo de las economías, no existe aún ningún indicio que suponga volver a sistemas financieros que apunten a separar las actividades que los bancos pueden realizar, limitando de esta forma la conformación de los conglomerados financieros.

Link al trabajo completo: http://www.cefid-ar.org.ar/documentos/CEFID_DT_41.pdf

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