QUE TREN QUE TREN….

http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&NR=1&v=VzZFm6x8Yf4

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SE VA LA SEGUNDA – RICARDO FORSTER


Hay momentos en que es posible sentir la presencia de la historia, de su aliento y de su potencia. Momentos de oportunidad y riesgo tocados por la intensidad y definidos por la importancia de lo que se abre pero que también nos señalan la extraordinaria significación de lo que ha quedado detrás de nosotros y que ha conmovido profunda y estructuralmente la vida de un país extraviado y sin encontrar, al menos en esos años oscuros y tormentosos del final de siglo, la orientación para salir de una época signada por la multiplicación de la injusticia y la expansión inmisericorde de una hegemonía político-económica que fue borrando lo que quedaba de equidad en una sociedad desprovista de esperanzas. Momentos en los que se vuelven a abrir las intensidades que permanecían dormidas o que habían sufrido el cruel destino de los derrotados que no es otro que el ostracismo o el olvido. Momentos en los que la dinámica imprevista de la historia recupera lo que se había perdido y vuelve a hacer visible lo que permanecía invisible reconstruyendo puentes de ida y vuelta entre el presente y ese pasado semidesvanecido que, sin embargo, regresa desde una espectralidad que nos recuerda que es imposible borrar para siempre la memoria de un pueblo. Momentos en los que todo se pone en discusión y en los que el apasionamiento vuelve a apoderarse de los sujetos sociales como sólo lo puede lograr la recuperación de la lengua política entendida como instrumento de disputa y transformación. Ser contemporáneos de momentos así constituye un raro privilegio y un enorme desafío precisamente allí donde se conjugan el peligro y la oportunidad. Siempre es bueno recordar lo que decía el poeta: “Allí donde crece el peligro también crece lo que salva”. Traducido a nuestra experiencia histórica esto tal vez significa que sólo cuando se abre el horizonte y se avanza hacia lo nuevo es cuando lo que se pone en juego es de tal densidad que el peligro siempre está a la vuelta de la esquina. Sin este juego entre desafío y riesgo, entre audacia y peligro, la aventura política no pasaría de ser otra cosa que administración burocrática de los asuntos sociales. Algo de esto signó la trayectoria vital de Néstor Kirchner.

Uno de esos momentos en los que es posible mirar de otro modo la realidad haciendo un balance de lo conquistado, de lo que falta y de los riesgos que no sólo vienen de afuera sino que a veces anidan en el interior de las propias estructuras, momento cargado de fuerza y emotividad, fue el día en el que Cristina Fernández asumió su segundo período como presidenta del país. Y no sólo porque esa fecha suponga un hito decisivo y fundante sino porque constituyó una oportunidad para mirar atrás y reconocer el camino recorrido desde aquel otro país que siempre parecía bordear el abismo. Tuvieron que transcurrir más de 80 años para que una misma fuerza política alcanzase un tercer mandato consecutivo pero con una diferencia no menor: en 1928, cuando Hipólito Yrigoyen asumió su segunda presidencia, lo hacía sucediendo a quien ya era su archirrival en el seno del radicalismo y en el que las huestes del alvearismo, los llamados antipersonalistas, terminarían, en muchos casos, apoyando el derrocamiento del Peludo; mientras que ahora, en el 2011, se prolonga y se profundiza el proyecto abierto de manera inesperada, como si se hubiese generado una pequeña grieta en el muro del poder hegemónico, por donde Néstor Kirchner se introdujo el 25 de mayo de 2003 para iniciar una extraordinaria travesía transformadora capaz de dejar atónitos a quienes desde siempre se creyeron los dueños del país. Giro alocado de la historia que le tocaría continuar y profundizar, pero ahora en soledad y enfrentando nuevos y variados desafíos que exigirán la consolidación de una voluntad colectiva, a su compañera de vida e ideales. En su discurso del sábado 10, un discurso surcado de lado a lado por una fuerte emotividad que, en varias ocasiones, pareció que la llevaría a quebrarse, Cristina buscó, no sin esfuerzos, las palabras y los giros retóricos que le permitieran describir la complejidad de una época, la nuestra, en la que tantas cosas han sucedido y tan dramáticamente se modificaron de cuajo núcleos que parecían irreductibles. Sus palabras dejaron constancia de la escena que nos toca transitar al mismo tiempo que señalaron las vicisitudes y los desafíos por los que se atravesó y por los que seguramente atravesaremos en los años por venir en medio de un contexto internacional entre sorprendente e indescifrable que compromete a las principales economías del mundo. Sólo corren riesgos quienes toman el toro por las astas. Los otros, los que se acomodan a cada situación, suelen pasar desapercibidamente por la historia. Ni Néstor ni Cristina Kirchner pertenecen a esta segunda categoría.

En el fárrago de acontecimientos y en medio de una época que tiene mucho de crepuscular y de insospechadas derivas, en nuestra geografía sureña, maltratada por diferentes formas de explotación que se condensaron en su expresión última –el capitalismo neoliberal– soplan vientos de cambio que provienen de antiguas y nuevas tradiciones emancipatorias de las que el kirchnerismo no puede sino beber como fuente imprescindible de su propia deriva por una historia que viene recuperándose de la amnesia pospolítica y posideológica que dominó en las últimas décadas del siglo veinte.

La diferencia, entre aquel lejano 1928 y este 2011, no es menor ni supone una alusión caprichosa: marca el rasgo distintivo de esta etapa de la historia argentina que, no por casualidad, viene a cerrar décadas de desconcierto, desventura, desesperanza, fragmentación, violencia y vaciamiento de aquello que la recuperación de la democracia había querido convertir en núcleo decisivo de su cristalización histórica pero que pareció naufragar en medio de la tormenta desatada con el cambio de siglo: la construcción de una sociedad más equitativa, libre y soberana. El estallido del 2001 dejó al descubierto la red de complicidades políticas y corporativas que llevaron al país a una ruina que prácticamente no dejó nada sin contaminar (siempre es interesante interrogarse en el espejo de qué República se ven reflejados nuestros actuales opositores que sienten nostalgia de una calidad institucional supuestamente extraviada en estos ocho años de “populismo” pero que nada dicen de aquel país mortificado por todo tipo de impunidades e injusticias). El gesto entre fastidiado, desconsiderado y pícaro con el que Alfonsín hijo jugueteaba con sus anteojos mientras hablaba la Presidenta simbolizó perfectamente la “seriedad institucional” a la que aspira la oposición o los fragmentos deshilachados que quedan de ella.

En todo caso, primero Kirchner, y después Cristina, vinieron a reparar el inmenso daño que, desde aquel infausto 1976, se había hecho contra la misma democracia y, fundamentalmente, contra los hombres y mujeres que sufrieron la violencia de un sistema que utilizó tanto los oscuros y tenebrosos instrumentos del terrorismo de Estado –cuando le fue necesario para consolidar sus intereses y su poder–, como las diversas formas de la conspiración y el chantaje económico cuando, ya bajo democracia, quisieron y lograron condicionar a los distintos gobiernos que se sucedieron. No resultará menor, a la hora de hacer un balance histórico –de esos que sólo el paso del tiempo permite–, destacar la consolidación de la capacidad de decisión del poder democrático que pudo sortear con éxito la prepotencia, también histórica, de las corporaciones habilitando, de ese modo, una fuerza de la que había carecido la democracia.

En su discurso, Cristina no dejó de señalar los intentos destituyentes que sacudieron en distintos momentos a su gobierno, pero lo hizo no para dar testimonio de lo sucedido sino como advertencia a esos mismos grupos corporativos. Si algo ha quedado claro desde el día siguiente al contundente triunfo electoral, día que se abrió con una escalada contra el dólar intentando forzar una devaluación y que aceleró la fuga de capitales, es que la respuesta del Gobierno –exigencia de que las empresas petroleras y mineras liquiden sus divisas de exportación en el país e implementación de un control, en bancos y casas de cambio, de la compra y venta de dólares– ha sido y seguirá siendo muy clara y precisa. Así como en el 2007 se le intentó, a la Presidenta, fijar una agenda a medida del establishment, lo mismo se buscó en las semanas siguientes a las elecciones y con lo que se encontraron, los conspiradores de siempre, fue con la decisión del Gobierno de seguir avanzando por un rumbo que no se corresponde con esa otra Argentina acostumbrada a ser custodiada, en sus privilegios, por quienes, elegidos en su momento por el voto popular, deberían haber construido proyectos autónomos pero que acabaron como fieles sirvientes de esas mismas corporaciones que hoy siguen insistiendo con ocupar el centro de la escena. No han comprendido todavía que algo sustancial ha cambiado en el país y menos han sabido descifrar el núcleo irreductible del kirchnerismo, incluso después de las experiencias turbulentas del 2008 y el 2009, años en los que intentaron llevarse puesto al Gobierno y se encontraron con una respuesta ejemplar que ha servido para darle identidad a un proyecto que avanza en el sentido de su profundización.

Fue el de Cristina el único gobierno democrático, desde el lejano 1955, una vez que el derrocamiento de Perón clausuró el primer gran proyecto popular y habilitó elecciones condicionadas que le dieron el triunfo a Frondizi, que ante las presiones y las distintas estrategias de destitución que ensayaron los poderes corporativos no sólo que no retrocedió ni concedió lo que se le exigía sino que, por el contrario, dobló la apuesta impulsando algunas de las transformaciones democráticas y populares más decisivas de las que tengamos memoria (porque de las otras, las que consolidaron el poder de las corporaciones, hubo frecuentes y también bajo gobiernos democráticos incluyendo a los que las favorecieron en nombre del propio peronismo y del progresismo aliancista a lo largo de la década del ’90 y hasta el 2003). No casualmente en su discurso del sábado 10 ante la Asamblea Legislativa diría con enfática convicción, corroborada por sus acciones de gobierno: “Que se den por notificados: ¡yo no soy la presidenta de las corporaciones… soy la presidenta de cuarenta millones de argentinos!”. ¿Cuánto tiempo esperó la sociedad que algún presidente pronunciara una frase de tal contundencia y probada por los mismos acontecimientos? ¿Ante esa frase siguió acaso el hijo de Alfonsín jugando con sus anteojos?

Una frase sin eufemismos y lanzada al centro del espectro político. Una frase que afirma lo que se hizo en el pasado reciente para invertir los términos de la hegemonía y lo que se piensa seguir haciendo para consolidar y profundizar un proyecto que, como lo viene señalando con énfasis en sus últimas intervenciones Cristina, seguirá girando en torno de la búsqueda de una igualdad creciente. Por eso no fue tampoco casual que haya reivindicado aquellas leyes que durante su gobierno hicieron centro en distintos aspectos de la igualdad: mencionó, en primer lugar, lo que en términos de distribución más igualitaria de la palabra aportó la promulgación de la ley de servicios audiovisuales para agregar, inmediatamente, las ley de recuperación del sistema jubilatorio poniéndolo nuevamente en manos del Estado nacional y su complemento, la ley de movilidad jubilatoria que garantiza dos aumentos anuales que ya no dependen del capricho de ningún gobernante. A eso hay que sumarle la ley de matrimonio civil igualitario y la implementación del mayor programa social de América latina, la asignación universal por hijo. Ese ha sido y será el eje de un proyecto que enfrenta un enorme desafío ahí donde la economía mundial atraviesa su peor crisis desde el año ’30 y en el que regresan con fuerza las presiones que buscan “moderar” el ímpetu de estos últimos años que no fue sólo de crecimiento a tasas chinas sino que, fundamentalmente, buscó establecer un nuevo paradigma redistribucionista (y al que todavía le falta bastante para invertir la lógica de la desigualdad estructuralmente implantada en el país desde la época de Martínez de Hoz y profundizada durante el período de la convertibilidad menemista). Tal vez por eso, otro de los énfasis de su discurso fue el de sostener el proceso de industrialización sin por eso dañar ni el empleo, ni el salario, ni el consumo, piezas maestras, junto con la intervención activa del Estado, para generar políticas anticíclicas que, en consonancia con los otros países de la región, permitan recorrer del mejor modo posible una etapa de imprevistas turbulencias externas.

Es en este registro que también debe leerse cierto cortocircuito con el sector sindical que, bajo una lógica propia y en ocasiones autorreferencial, no ha tomado debida nota de los cambios en el contexto internacional, aunque también es justo reconocer que ha sido, a lo largo de estos años, no sólo un aliado consecuente del Gobierno sino uno de los actores menos conflictivos y que actuó con la mayor de las racionalidades comprendiendo que su propia suerte está atada a la continuidad del proyecto iniciado en 2003. Habrá que ver de qué manera se despliega esta zona de nuevas y complejas tensiones. Difícil es imaginar que se pueda seguir avanzando, al menos sorteando mejor las dificultades, en la profundización del modelo sin esa fuerza de apoyo que constituye la CGT. Cristina también jugó con las comparaciones y las diferencias entre la actualidad y el primer peronismo en el que, según la constitución de 1949, no existía el derecho a huelga. Las interpretaciones han sido y seguirán siendo múltiples, aunque me inclino por el reconocimiento que hizo de ese derecho y, a su vez, de la diferencia que existe entre su uso legítimo y el chantaje como modo de anticiparse a lo que será un probable aumento de la conflictividad social. De todos modos, la emergencia de núcleos conflictivos no debe ser asimilada a un déficit de la democracia sino, desde una perspectiva completamente distinta, debe pensárselo, al conflicto, como una energía renovadora que impide el estancamiento de las aguas.

Mientras eso afirmaba la Presidenta, desde las tribunas de opinión liberal conservadoras se insistía con la cantilena de la inflación y de la supuesta ceguera del Gobierno para dar cuenta del “flagelo inflacionario” y se exigía un sinceramiento que tendría que venir acompañado, de modo inevitable, por un “plan de ajuste” tal vez calcado del que se está implementando en la mayor parte de los países de la comunidad europea. Nuestra derecha carece de originalidad a la hora de replicar, en nuestras costas, el recetario neoliberal. Detrás del latiguillo de “las metas de inflación” (latiguillo que también utiliza el neoprogresismo del FAP) se encuentra solapada la ortodoxia económica de siempre, esa que piensa lo social como un gasto y que le echa la culpa al Estado del cuantioso dispendio de fondos que nos pertenecen a todos pero que se utilizan, eso gritan a los cuatro vientos y replicados por la corporación mediática, para continuar “la fiesta populista”. La respuesta concreta y discursiva del Gobierno sigue agobiando a la alquimia de opositores deshilachados, progresistas de ocasión y periodistas “independientes” que sólo esperan, con sus rosarios a mano, que se desate, ¡por fin!, una tormenta redentora –bajo la forma de la catástrofe tan anunciada por la ex pitonisa chaqueña– que limpie nuestro territorio de tanto desvío clientelar y demagógico.

Fue entonces, el de Cristina, un discurso medular que, no casualmente, comenzó con la cuestión de los derechos humanos, la derogación de las leyes de impunidad y el avance de los juicios, y que se continuó destacando la direccionalidad política de la economía y que concluyó en la relevancia absolutamente central que se le ha dado y se le seguirá dando a la educación. Un discurso para recuperar la memoria y para ir construyendo un futuro que no se aleja hacia un horizonte inalcanzable sino que se entreteje en el hacer cotidiano como desafío de las generaciones actuales. Un discurso que sueña, con los ojos bien abiertos, con una patria más igual, más libre, más solidaria y más democrática.

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INDIGNACIÓN.

El 7 de diciembre es duelo nacional en Cuba. Ese día de 1896 cayó en combate Antonio Maceo, protagonista de la Protesta de Baraguá, en la que -después de diez años de lucha- se negó a aceptar la paz sin independencia ni abolición de la esclavitud.

Al caer en combate frente al colonialismo español, Maceo llevaba en su cuerpo más de 25 heridas de guerra, por lo que el general mulato que en estatura física igualaba su grandeza ética y talento político quedó en la historia como El titán de bronce. Interpelado sobre su actitud en caso de una intervención norteamericana en Cuba, Antonio Maceo respondió: “esa sería la única forma en que mi espada estaría al lado de la de los españoles”.

Pero el 7 de diciembre es la fecha que han escogido un pequeño grupo de personas nacidas en esta tierra para amanecer conspirando con los representantes de Estados Unidos en La Habana en contra de su país. Allí han estado varias miembros de las llamadas “Damas de blanco“, a las que algún trasnochado propagandista de la contrarrevolución ha osado comparar con Mariana Grajales, madre de Antonio que ofrendó a todos sus hijos y su esposo a la causa de la independencia de Cuba.

Estas son agunas de las fotos, protagonizadas esta mañana por los funcionarios diplomáticos de EE.UU. en Cuba y sus asalariados, que recogen el amanecer feliz de los freedom fighters pronorteamericanos en La Habana, el día en que Cuba recuerda a su más vertical combatiente por la independencia. Y pensar que los diplomáticos norteamericanos no pueden entender por qué nadie sigue a sus mercenarios en Cuba.

“Damas de blanco” y otros colaboradores de la SINA abordan transporte de la representación diplomática de EE.UU. en Cuba en la mañana del 7 de diciembre de 2011. Foto tomada del blog “Isla mía”.

Berta Soler, “líder” de las “Damas de blanco” abraza a Joaquín Monserrate, primer secretario político económico de la SINA. Foto tomada del blog “Isla mía”

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Gustavo Rearte, un año después de su desaparición física iría Perón presuroso a su encuentro en el Comando Celestial, para obtener la opinión sensata de aquél a quien quisiera como un hijo.

Gustavo Rearte nació en Buenos Aires el 25 de julio de 1931 y murió en la misma ciudad el 1º de julio de 1973. Dirigente político y sindical que siempre adhirió a los preceptos sociales del peronismo, una de las figuras más destacadas de la izquierda del Movimiento. Fue el fundador de la Juventud Peronista en 1957, rama que nació al calor de la Resistencia.

Gustavo Rearte, fundador de la Juventud Peronista en 1957.

Rearte era obrero en la SIAM, luego ingresó a Jabón Federal y llegó a ser secretario general del Sindicato de Jaboneros y Perfumeros.

Gustavo Rearte llego a ser el secretario general del Sindicato de Jaboneros y Perfumeros.

Fundador de la nueva rama e integrante de su primera mesa ejecutiva. En el ’55, es uno de los jóvenes trabajadores peronistas que integrarían los numerosos Comandos de la Resistencia. Formó parte del Comando Juan José Valle, mártir de la causa nacional, desde un año antes de fundada la JP. La lucha por la vuelta de Perón y contra la dictadura lo lleva a juntarse con otros militantes peronistas: sus hermanos Alberto y Miguel Rearte, Carlos Caride, Jorge Rulli, “Cacho” El Kadri, Susana Valle, Felipe Vallese, Héctor Spina y tantos otros.

Gustavo formó parte del Comando Juan José Valle de la Resistencia.

En enero de 1959 estuvo con la dirigencia combativa organizadora de la toma del frigorífico Lisandro de la Torre para evitar la privatización. Tras la represión fue preso y en el peronismo combativo creció la idea de que sólo quedaba la lucha armada como camino. Comienzan las experiencias guerrilleras de Uturunco y luego Taco Ralo en Tucumán.

Experiencia guerrillera peronista de Taco Ralo.

En 1960, Gustavo Rearte, El Kadri, Rulli y Vallese, entre otros, participan de la primera acción de resistencia armada urbana, que concretaron bajo la sigla Ejército Peronista de Liberación Nacional (EPLN): atacaron a una guardia de la Aeronáutica en Ciudad Evita. Rearte fue el jefe del operativo. Resultó todo un éxito y les permitió “expropiar” dos subametralladoras PAM, uniformes y municiones.

Perón -desde España- daba directivas a la Juventud Peronista.

Luego, Rearte partió hacia Montevideo a contactarse con exiliados peronistas. Se reúne con John William Cooke, jefe del Comando Táctico de la Resistencia Peronista y delegado personal de Perón. Ellos establecieron los puentes del peronismo con la Revolución Cubana, con Fidel Castro y el Che Guevara. Rearte fue el enlace para preparar dos viajes de Perón a Cuba, que abortaron.

El “Gordo” Cooke y Gustavo Rearte fueron quienes establecieron puentes con la Revolución Cubana, para lograr la residencia de Perón en la Isla.

En 1962, estando en formación la combativa CGT de los Argentinos, escribió el documento de Huerta Grande que marcó un hito en la historia del movimiento obrero. Es baleado por la policía en la esquina de Rodríguez Peña y Sarmiento -centro de la Capital Federal- y encarcelado. Pasa por las cárceles de Devoto, Caseros y Olmos.

En julio de 1963, el gobierno de José M. Guido promulga una amnistía para los presos políticos. Son liberados, entre otros: Rearte, Rulli, Spina y El Kadri, quienes se abocan a reorganizar a la JP, que había sufrido duros golpes por la represión implementada por el Plan CONINTES. Gustavo se integrará al Movimiento Revolucionario Peronista (MRP) formando parte de su conducción. Rearte mantenía un vínculo muy fuerte con Perón, quien le había pedido que formara una organización político-militar para lograr su regreso. Envió a numerosos cuadros a entrenarse a Cuba.

Gustavo Rearte y su perfil bajo, en el primer retorno de Perón en 1972.

Rearte siempre fue muy cauto y buen diagnosticador de coyunturas apropiadas e inapropiadas para golpear con la guerrilla. Discusiones duras, incluso entre militantes. Su hija Eva, cuenta -muchos años después- que cuando le pusieron el nombre de su padre a una calle, Cacho El Kadri se le acercó para pedirle disculpas porque en medio de aquellas discusiones lo había calificado de traidor. La posición de Rearte con las últimas organizaciones armadas del peronismo, FAP y Montoneros fue crítica. Aseguraba que no estaban dadas las condiciones y que un proceso de ese tipo terminaría en una masacre.

Envar “Cacho” El Kadri.

En el 2006 la compañera psicóloga Eva Rearte decía -con motivo de ser su padre el sujeto de un merecido homenaje en la Legislatura porteña-: “Yo nací con un padre militante y siempre me explicó que luchaba contra las injusticias y por los derechos de la gente, era un tipo muy estudioso, muy pensante, muy reflexivo […].

La compañera Licenciada Eva Rearte, hija de Gustavo.

“Papá estaba en Plaza de Mayo con mi madre cuando fueron los bombardeos, siempre nos contaba que se habían tenido que refugiar de las bombas bajo la recova. Ese fue un punto de inflexión para las decisiones que tomaría después en su vida […]

Consecuencias del bombardeo a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955.

“Perón lo trató muchas veces como a un hijo, yo creo que vio en él una veta [aunque] le discutía. Perón le ofreció […] viajar en el avión de su retorno. Pero mi viejo le decía […] que no se sentaba con cualquiera. Era peronista y amaba a Perón, pero se había formado en otro momento, tenía otra formación […]

“Es la contradicción que se vive con alguien a quien se admira, pero se crece distinto, yo soy ahijada de Perón. […] Mi papá le llevaba sus análisis [a Perón] sobre la situación en el país. Hasta que llegó un momento en que no lo recibió. No vivió ese corte con bronca, sino más bien con tristeza. Fue muy doloroso para él […]

Eva Rearte.

“[…] También creía en la lucha armada, pero pensaba que la lucha principal era política, porque la lucha armada tenía que ser apoyada por la gente […]

A fines de los ´60, ya Gustavo no creía en la lucha de las vanguardias armadas si no eran acompañadas por el pueblo. La principal lucha había que darla en el terreno político…

“Siempre nos explicó todo lo que hacía y por qué y además nos hacía partícipes, a su manera, un poco como era la lucha de esos primeros años de la Resistencia, en plena prohibición del peronismo y sus símbolos. Me acuerdo cuando yo era chiquita, él me decía ‘Eva salí corriendo’ y cuando yo me alejaba, empezaba a gritar a todo pulmón ‘¡Evita! ¡Evita!’. La gente se horrorizaba y él lo gozaba porque estaba llamando a su hija”. […] otra vez en pleno San Justo, iban en un colectivo. Rearte le pedía a Eva que cantara la Marcha Peronista y cuando se armaba el revuelo, la sacaba por la ventanilla porque afuera ya había otro compañero para recibirla.

Evita Rearte.

“Papá […] no había terminado el secundario. A fines del ’70, cuando empecé el colegio, se puso a estudiar conmigo. Hizo el secundario libre y hacíamos juntos los trabajos prácticos. […] Quería recibirse para estudiar abogacía, pero no pudo por la enfermedad […]

“Era un convencido de la necesidad de concientizar y concientizarse, se pasaba hasta altas horas de la noche leyendo, le gustaba la historia de las revoluciones, discutía mucho sobre la revolución argelina y la cubana, por supuesto”.

Gustavo soñaba, utópicamente, con la unidad de los procesos de liberación de la revolución peronista y cubana.

Eva lo recuerda también en la cárcel: “La primera imagen que tengo de mi padre es su brazo saliendo por una ventana de la cárcel de Caseros y hablándonos a los gritos”. “Ya estaba enfermo en su último viaje a Cuba, en el ’72”. Participó en la campaña presidencial de Héctor Cámpora pese a que no estaba de acuerdo porque pensaba que Perón tenía que ser el candidato. En marzo lo internaron y murió en julio, “tras ver con tristeza la masacre de Ezeiza” puntualiza Eva.

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CRISTINA EN ACCIÓN

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CORREA Y LA SITUACIÓN DE ECUADOR

“Hay que mirar para adelante, pero sin olvidar el pasado”
02-10-2010 / El presidente insistió en que “no habrá olvido ni perdon” para quienes los sublevaron. “No merecen llamarse policías”, agregó. Por otra parte, tres coroneles de la policía de Ecuador fueron detenidos acusados de tentativa de asesinato contra el presidente, informaron fuentes.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, reiteró que “no habrá olvido ni perdón” para quienes se sublevaron. “No merecen llamarse policías”, afirmó. Pidió a la sociedad que “sigan respaldando” al resto de la fuerza

El mandatario habló este mediodía en cadena nacional dos días después del intento de “Golpe de Estado” que se inició el pasado jueves.

“Que esto nunca más suceda en nuestro país, compatriotas”, indicó hoy Correa, quien se mostró muy consternado luego de que las fuerzas policiales intentaron matarlo.

“Han sido días muy triste, seguramente la semana más triste de todo mi Gobierno y de toda mi vida. Estoy destrozado porque se perdieron vidas humanas ¿Cómo pudo pasar? Acá no puede haber ni perdón ni olvido “, advirtió el mandatario ecuatoriano.

Arrestos. Tres coroneles de la policía de Ecuador fueron detenidos acusados de tentativa de asesinato contra el presidente Rafael Correa, informaron fuentes judiciales, en el marco de la purga policial que el jefe de Estado busca hacer en ese país, donde rige el estado de excepción.

En tanto, el Ministerio de Salud de Ecuador informó hoy que hasta el momento se registran ocho muertos y 278 heridos como consecuencia de los incidentes ocurridos a raíz de la desestabilizadora sublevación de la policía, el jueves pasado, en ese país.

Ecuador cumple hoy su segundo día de tres del duelo nacional, decretado por Correa, quien calificó al jueves como “el día más triste de su vida y de su gobierno”. El Ejecutivo no se consideraba ayer fuera de peligro y advirtió que aún se mantienen rezagos de la rebelión que amenazan el orden democrático del país.

Según el gobierno, en la insubordinación, que inició en Quito y se extendió a cuarteles de cinco provincias, participaron unos 600 policías, en tanto que una fuente cercana a la protesta los cifró en 2.300.

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Marcó del Pont: “El negocio del endeudamiento es muy rentable para algunos sectores”

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